Con la correcta perspectiva

Es difícil alcanzar ese equilibrio que nos permite discernir que no estamos tan mal, que no vamos tan mal encaminados, que las cosas de esta vida tienen solución. Nos surgen problemas y situaciones difíciles, duras, por supuesto, pero por cada problema nos corresponden al menos tres cosas buenas que nos da la vida. El prisma, las gafas con las que vemos la realidad, suelen tener incorrecta graduación, estar empañadas. Pero al final el problema no son las gafas en sí mismas sino que nosotros, los usuarios, las queramos tener graduadas en su correcta manera, limpias y bien colocadas. Enfocar la vida es tremendamente importante, es por ello que tenemos que intentar, a pesar de no querer, no poder o la pereza, tener el enfoque ajustado.

Se me ocurre en este punto una nueva utilidad para las Google Glass: el enfoque. Una especie de conexión mente-gafas que permita ajustar nuestro enfoque mostrándonos a través de su pantalla que no es lo que estamos pensando lo real, las consecuencias que acarrearía no ver la vida desde su vertiente positiva, una ayuda para acertar en el camino a escoger. En definitiva, ver el mundo a través de un prisma lo más imparcial y equilibrado posible. Julián Beltrán, amigo mío, a lo mejor no es tan mala idea y tienes gran talento, ¡ponte a ello!… Por intentarlo que no quede…

Quiero vivir. Pero vivir sanamente, humildemente y tranquilamente. Quiero relativizar y no dar importancia a lo que no lo tiene, no alterarme más de lo necesario y evitar lo tóxico de las personas y la vida. Y si me topo con ello, esquivarlo con estilo y firmeza.

Pero solo le pido a la vida que mis incondicionales estén bien, poder ayudarles cuando lo necesiten y corresponder de la misma manera. Qué importante las personas que nos rodean, son la clave de la estabilidad y el bienestar.

 

Felices vacaciones a todos. Vividlas, sin más. Sonreid. Disfrutad. Pero no olvidéis, bajo ningún concepto, cuidar de los vuestros.

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Hermano mayor

Yacía en mi cama plácidamente una noche cualquiera. Sábanas fresquitas y edredón en posición, todo dispuesto. La lucecita con forma de luna para no asustarme; contextualizemos: no tendría más de seis años de vida en mi haber.

Los deberes hechos, las ganas de descansar y sueños por soñar. Eso es todo lo que necesitaba.
De repente, de entre mi oasis de relax y mi fase presueño, aparece frente a mis ojos entrecerrados una cara acompañada del correspondiente ¡buuuuuuuuuuuu! que hizo que tras pegar salto y tres cuartos en la cama, pegara el grito más agudo del mundo. De hecho creo que me sirvió de tanto aquel ejercicio vocal que veinti y algún años mas tarde pude ser soprano en la coral universitaria. Posiblemente sufrí microinfarto y daños cerebrales varios. Nunca lo sabré.

Un individuo con mucha picardía e ingenio y mala leche los días impares, se había levantado de su cama y reptando por pasillo y posterior incursión en mi habitación, bajo línea de cama (eso sí, para no ser descubierto) sigiloso cual gato en fase de caza, pensó en asustar en plena noche a su hermana con lo que se echó unas risas a mi costa que le sirvieron para coger bien el sueño, previa bronca de mi padre y burlas varias hacia mi persona. Ese grito creo que es recordado por todos los vecinos del bloque. En ocasiones dicen que todavía rebota y se escucha. Menudo cabroncete el Andresico.

Tener un hermano mayor curte en la vida. Tendría que ser obligatorio. Es el primer amigo que se tiene y por ello, el que enseña qué es la vida. El primer guantazo, lo recibes de él. Eso enseña lo que duele y lo que supone. La primera pelea, la primera trastada en la que te echan la culpa a ti por ser la mano ejecutora cuando la idea y dirección ha sido suya, esa piña «juntos seremos intocables ante la bronca». Un hermano mayor es el primer amigo que se tiene y, por ello, el incondicional. El que ensaya su vida contigo y el que advierte «con mi hermana me peleo yo, al resto que ni se le ocurra o tendrá que vérselas conmigo». Un hermano mayor es tu protector, solo tienes que señalarle quién ha sido que el resto es cosa suya y de sus secuaces, incondicionales desde el curso cero de parvulitos. Jurao.

Teniendo un hermano mayor tienes la posibilidad de ver el futuro. Vive las cosas y las etapas antes que una, lo que hace poder tener un experiencia previa de qué hacer y qué no hacer. Y de lo que nuestros padres están dispuestos a permitir. Va abriendo puertas, abriendo camino, marcando los puntos de partida y de seguimiento. Eso tiene un tremendo valor para una que no partió desde cero, sino de lo que su hermano mayor le permitió observar.

El hermano mayor es el héroe, todo lo hace bien. Es más fuerte que una y tiene un criterio acertado. Lo ves terminar el colegio, luego al instituto, luego estudiar Industriales y, finalmente, y fruto de todo su esfuerzo y sacrificio, trabajar como un auténtico profesional y con buen puesto. Y una, orgullosa de su héroe hermano mayor, presume de lo que hace y lo bien que lo hace. Tras cada una de estas fases una piensa «jo, mi hermano qué mayor y responsable, ya está en el instituto/universidad/trabajando… De mayor quiero ser como él». Y no es para menos pues, así de claro, mi hermano mayor es el mejor hermano mayor de todos.

Algo cabroncete de pequeño, me chinchaba porque yo me picaba. Me gastaba bromas constantemente y hacerme rabiar era por antonomasia lo que había que perfeccionar con el paso de los días. Disfrutaba el jodío. Podría decir que menudo trauma; pues no, menuda lección de vida que ahora me permite ser mas fuerte y valiente. Cabroncetes chinchones a mi, ja.

Por todo esto y mucho más hoy el protagonista de mis reflexiones es Andrés, mi hermano mayor, EL hermano mayor. Me ha enseñado a salir al mundo pero sobretodo que en esta vida siempre hay que reinventarse. También que los problemas y dificultades solo se superan buscando una solución y con la mirada puesta en lo que viene. Admiro su forma de ser y actuar y por eso hoy, Andresillo cabroncillo de «cague Manolo» y otras perlas por tu cabeza ideadas, estas lineas son para ti.

Pues la vida hará de nuestros caminos lo que considere. Pero lo que yo tengo y me quedo, que es tu compañía y nuestra infancia, no me lo arrebatará nada ni nadie.

Enhorabuena por tus recientes éxitos. Estoy, desde lo mas profundo de mi ser, orgullosa de ti.

Tu hermana.

 

 

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