Industriales a la boloñesa

 

 

Bolonia, esa declaración de cuatro folios que no dice absolutamente nada y que en países como Finlandia (pioneros en educación) ya ha sido suprimida por fiasco es, a día de hoy, el quebradero de cabeza de muchos (si no todos) colectivos profesionales de nuestro país. Como siempre pasa en España, que es diferente a cualquier otro lugar, aquí nadie sabe qué es legal, qué no, a dónde se pertenece y para qué sirve lo que uno hace. El gen del político inoperante que se pasa de generación en generación, o ese virus que se pega en los asientos del Congreso de los Diputados, igual me da. En mi opinión, no se ha hecho todo lo que se podía hacer.

Aquí lo que ocurre, a grosso modo y  bajo mi humilde manera de entender, es lo siguiente.

Los planes antiguos donde había Ingenieros Técnicos e Ingenieros a secas (ergo superiores, es decir, carrera de 5/6 años de grado superior o segundo ciclo, en su caso) no tienen cabida en el Marco Europeo de Cualificaciones (EQF7), es decir, las cualificaciones se les atribuyen a nivel europeo a los nuevos Grados en Ingeniería Industrial pero no a los de titulaciones extinguidas (vigentes, pero extinguidas en el marco de la enseñanza universitaria). Claro, eso como planteamiento de cara al futuro pues chupi pero, ¿qué hacemos con la cantidad de Ingenieros Industriales e Ingenieros Técnicos que a día de hoy ejercen (Grados muy pocos, si ha salido alguna promoción aquí en España…) que son los que mueven ahora mismo el sector? En España no tienen de primeras problemas pues son títulos oficiales pero, ¿y si quieren salir al extranjero a trabajar (con la crisis que está cayendo es de lo más común)?¿Qué son?¿Les reconoce Europa y esos maravillosos cuatro folios a la boloñesa las atribuciones necesarias para ejercer sin fronteras, que es a lo que supone que aspiramos con la Unión Europea? Pues no. Así que aproximadamente un 95% de los Ingenieros Industriales e Ingenieros Técnicos  que tenemos en activo y, en general, titulados como tales no pueden salir de España a trabajar porque su título tiene la misma validez que el dibujo que mi hija hizo para tapar una mancha en la pared de su habitación, es decir, ninguna.

¡Pero qué dice esta!¡Eso no es así!¡Se proponen vías alternativas para que este colectivo pueda salir a Europa a trabajar y se iguale con el resto de ingenieros de toda Europa siendo incluidos en el mencionado EQF7! Ajam, efectivamente, alternativas, pero no derechos que el día en que este colectivo se licenció adquirió. Señores, uno estudia cuando le toca y cuando le toca se encuentra a merced del plan te estudios de turno y eso, creo que está claro, es cosa de las universidades, políticos y mandamases, no del estudiante que quiere formarse y trabajar. Por ello, a qué narices vienen ustedes a poner patas arriba (si no lo estaban ya) a las universidades en donde ni profesores ni alumnos ni el camarero de mi facultad (que por cierto hace unos bocatas buenísimos) quiere Bolonia porque no sirve, es ineficiente, ineficaz y una manera encubierta de bajar los niveles de todas las titulaciones persiguiendo que en Europa todo el mundo tenga una titulación universitaria, «café para todos», mediocridad y pérdida de excelencia. Aclarado esto, el nombre es lo de menos mientras las competencias se adquieran. Anda, que aquí tenemos el quid de la cuestión. Y es que un Grado es algo entre Ingeniero Técnico e Ingeniero Industrial. Vamos, ni chicha, ni limoná. Podemos verlo como la botella, de dos maneras: Ingenieros Técnicos a los que se les aporta un curso más de formación (no se dejen engañar por los cursos de adaptación que ofrecen ahora las universidades, en breve se prevé la equiparación sin necesidad de estos complementos)  o Ingenieros Industriales que pierden competencias, conocimientos y por tanto no lo son, son Grados. Y competencia desleal, pero eso es otra cuestión. Pues miren ustedes, viéndolo de las dos maneras veo que los peor parados son los Ingenieros Industriales (los superiores, aquí el apellido importa). Peor parados, no olviden, a la hora de incluirlos alternativamente en el EQF7 (Marco Europeo de Cualificaciones). Los Ingenieros Técnicos van a ser equiparados a Grado por parte del gobierno (olé sus bemoles, han hecho los deberes a tiempo y con buen hacer, seguramente porque hay consenso entre ellos…)pero sin embargo los Ingenieros Industriales no van a ser equiparados a Máster (ni incluidos, como sigan a este ritmo tan vertiginoso -modo ironía «on»- en el EQF7), que como saben es la titulación universitaria que le sigue a Grado. Resumiendo, van los señores europeos y europeístas y pretenden que me parezca bien que Ingenieros Técnicos (que como su apellido indica están muy especializados en una rama de la ingeniería) sean Grados GENERALISTAS y los Ingenieros Industriales, que son los más generalistas de todos, tengan que especializarse vía máster. Y que además ninguno de los dos sea nada fuera de nuestras fronteras, esto es, no estén reconocidos. Pues no lo entiendo,  ya que si con unos se tiende a la generalidad y otros ya la tienen, no les exijan especialización. Aparte de que no olvidemos de que los superiores han estudiado uno, dos o tres años (según plan) más que los técnicos por lo que es evidente que tienen más competencias adquiridas. Es una cuestión de pura lógica, no es lo mismo tres que cinco/seis. Y no es lo mismo ser Técnico de cara a trabajar en un campo concreto que ser Superior y ser capaz de trabajar en cualquiera de las ramas que la Ingeniería Industrial desarrolla (no olvidemos el Decreto de Isabel II, que les enlazo más abajo).

Así pues, no podemos afirmar que:

GRADO+MÁSTER=INGENIERÍA INDUSTRIAL

pero sí que

INGENIERÍA TÉCNICA=GRADO.

Y olé.

Quisiera señalar en este punto dos matices que me parecen tremendamente importantes:

*El primero, ¿es la Ingeniería Técnica Industrial un Grado?

*El segundo: si se considera que no se pueden minorar derechos de los Ingenieros Técnicos y restarle competencias y por ello se les eleva a Grado, ¿por qué a los Ingenieros Industriales, sí? Si queremos café para todos igualemos a todos, sin necesidad de pagar estos últimos un máster a la universidad de turno con un coste aproximado de 2.500 euros, máster que además supone acudir a la facultad todos los santos días, prácticas, exámenes y asistencias y que básicamente el ingeniero se olvide de que tiene trabajo  pues la incompatibilidad no es que la vea yo, es que está ya fundamentadamente probada. Oiga, que yo con 56 años ya estudié cuando me tocó y sé más de Ingeniería Industrial por mis 30 años de ejercicio que el propio profesor del máster, haga usted el favor de no hacerme perder el tiempo. Pues mi hora, mi hora laboral, tiene un precio. Y además, luego no estoy incluido en el EQF7, luego como tenga que trabajar en el extranjero no me sirve absolutamente para nada.

Como saben y he dicho abiertamente muchas veces tengo tres Ingenieros Industriales en mi casa. Yo no soy ingeniera, y desde luego lo valoro como algo tremendísimamente honorable pues he visto estudiar y estudiar a mi hermanos y eso no lo saca cualquiera, palabrita del niño Jesús. Pero claro, aquí no solo vale sacarse la carrera y allez, «que alguien vele por mis derechos»; la unión hace la fuerza y si no hay colectivo con un fin común siempre habrá otros ingenieros o profesionales parecidos que quieran quedarse con lo que es de uno, sus atribuciones y sus derechos. Por eso el papel tan fundamental de los colegios profesionales, en este caso el Colegio de Ingenieros Industriales, del que siendo simpatizante, le tengo que tirar de las orejas. Es por ello que de nada sirve que yo denuncie esta situación si luego son los propios Ingenieros Industriales individualmente los que teniendo trabajo, pues su tasa de paro es muy bajo, se preocupan o quieren preocuparse poco por unos derechos que no consideran necesarios. Eso ya, a cada cual, en la conciencia de cada uno y bajo su manera de entender lo que supone tener una profesión definida.

Yo pensaba que este tema estaba ya resueltísimo y más viendo como los planes de estudio están totalmente implantados. Cuál es mi sorpresa cuando en una charla de café con otro industrial me entero de que naranjas de la China, es decir, el toro no es que esté viniendo, es que ha entrado en el ruedo y se ha instalado a sus anchas. Cosa que, como he señalado antes, los Ingenieros Técnicos no han consentido por lo que van muy por delante en conseguir lo que quieren  y más. Olé por ellos, lo vuelvo a repetir. Mi más profunda admiración.

Así pues, señores Ingenieros Industriales, ¿dónde está el ruido? ¿Dónde están las protestas? Miren ustedes, que como les digo tengo tres en casa y de poco informados nada, va a ser que los colegios de ingenieros superiores se han dormido un rato largo en los laureles. Y no me vale eso de que «no si al diputado de turno ya se le ha pedido que formule pregunta» o «estamos a la espera de que el ministro del ramo nos reciba», ¿y mientras? ¿No tienen pensado meter presión? ¿Para qué se colegian ustedes y pagan cuota si luego nadie mueve un dedo? No lo entiendo. Ahora me dirán que sí, que sí se ha hecho. Yo les digo que no estoy planteando que no se haya hecho nada, es que no se ha oído. Y además, en este tipo de cosas hay que implicar a toda la sociedad en general porque al final el tejido industrial es el que mueve la mayor parte de la economía de nuestro país así que si queremos de una vez por todas salir de la crisis necesitamos profesionales con competencias dentro y fuera de nuestras fronteras. Díganme, si no, para que estudian la carrera.

Aquí no vale el silencioso ruido, que diría Sabina. Aquí hay que ser transgresor y pelma, respetando los límites del civismo. O lloras o no mamas, ya lo dice el refrán. Así que de verdad no me explico a qué se dedican los colegios de ingenieros a día de hoy, no solo de cenas vive el hombre.

Quisiera dejar claro que no tengo nada en contra de los Ingenieros Técnicos pero veo lo correcto y justo que si quieren ser ingenieros que «pasen por caja», es decir, adquieran las competencias oportunas, no se suban al carro de unos planes de estudio a la boloñesa que todos sabemos (y ellos mejor que nadie) que van a durar menos que una tableta de chocolate encima de mi mesa. Así que señores, espabilen, en la vida en general y en estos menesteres precisamente  pues «tonto el último».

 

 

Para más información:

– http://www.ingenierosindustriales.com/tag/eqf7/

– http://www.coiirm.es/

– http://www.ingenierosindustriales.es/

– Defensora del Pueblo insta a homologar pre-Bolonia: http://www.ingenierosindustriales.es/noticias_desarrollo.php?id=355

– Atribuciones profesionales según decreto 18 de septiembre de 1935: http://www.coiirm.es/colegiados/atribuciones-profesionales-es-0-45.html

– Decreto Isabel II: http://www.coitipa.es/node/12

 




Cierre de campaña: en el metro

Una propuesta un tanto disparatada para algunos, bastante sensata y real para otros: todo un acto de valentía y de sinceridad para mí. Ya que aún llego a tiempo propongo a todos los candidatos a presidencias de comunidades autónomas varias o a alcaldías de municipios que esta vez olviden el cierre de campaña de globitos, bocadillos de jamón y gaseosa y se suban al metro (autobús más frecuentado de otras ciudades, tranvías, etc.), haciendo una tourné por todas las líneas. No se me ha ido el juicio (aún), argumento seguidamente mi propuesta.
Hará una semana viajaba en metro al centro de la capital de España, Madrid, esa ciudad que concentra a parte de los políticos de este país y no solo eso sino a los líderes, a los que al final mandan y hacen mandar, los peces gordos. Viernes tarde, línea que atraviesa Madrid de punta a punta, ajetreo, gente viviendo la vida que le ha tocado. El metro para, no recuerdo el nombre de la parada. Unos bajan, otros suben; entre ellos una mujer, de mi edad precisamente, que arranca en voz alta a contar su situación personal con una hija a cargo, aludiendo a que tiene que pagar el alquiler del mes de una habitación de una pensión y que aun limpiando varias casas, no llega. La susodicha, mirada al suelo y resignación contenida, pide que si alguien necesita señora de la limpieza, que la contrate. No pide dinero, no, pide trabajo. El vagón silencioso no muestra interesado por lo que la mujer, con mirada igual de caída, da las gracias y, justo a tiempo, se baja en la siguiente parada. Resaltar que lo que palpé en ese vagón no fue pasotismo, fue resignación y vergüenza. Todos los allí presentes mirábamos al suelo con resignación e impotencia. Y no solo por la situación de la pobre mujer, sino por la de cada uno de nosotros.
Dos paradas adelante, sube un chaval con una bolsa y varios pasteles en ella. En esta ocasión, el joven resignado cabizbajo y avergonzado no pide trabajo, pide comida. Si alguien lleva compra y le puede entregar algo, si alguien lleva un bocadillo o un zumo que no se va a tomar. Misma reacción de los pasajeros. Y el chico, en la siguiente parada, dando también las gracias, se baja.
Al margen de un sin fin de sentimientos y emociones que experimenté escuchando a los desgarrados ciudadanos y posteriormente analizando lo ocurrido, he de decir que hubo un momento que pensé, ¿y si hacemos una terapia de grupo aquí en un momento? Ronda de necesidades y miserias, quizá uno podría ayudar a otro o, simplemente, el poner en común que estamos todos bien jodidos nos hiciera sentir algo mejor y entender que, por mucho que se empeñen en lo contrario, la culpa de esta situación no es nuestra. Y es por ello que esa vergüenza que de manera inconsciente sentimos al escuchar ambas peticiones no es más que la impotencia y el cansancio de una situación que lleva siete años sin cambiar. Y le queda tiempo sin cambiar, no les quepa la menor duda.
Esa chica podría haber sido perfectamente yo. De momento (repito, de momento) no me he encontrado en tal situación aunque tampoco puedo presumir de holgura y solidez a buen nivel. Pero, ¿quién me asegura a mí que en un periodo de tiempo no puedo llegar a encontrarme así o peor? ¿Por qué no consigo ni puedo vivir mejor, por mucho que luche y lo intente?
Vuelvo a la terapia de grupo. Hubiese sido de telediario. Dos señoras, una que le dice a la otra que tiene a un hijo trabajando en Perú y que el otro ha encontrado algo por seis meses, a ver si hay suerte. La otra que le dice a la una que su hija trabaja de diez a diez por poco dinero y la nieta la tienen entre la otra abuela y ella, así que se está criando entre abuelas y tiene reacciones para con su madre de rechazo por «abandonarla». Al lado un chaval, con carpeta y apuntes, cara de cansancio y poca esperanza. Pensará que menuda de pérdida el estar estudiando si luego a lo que puede aspirar es a pedir en el metro un trabajo como limpiador de botas. Muy digno, no acorde ni con los tiempos ni con la inversión de los padres del chico y del propio chico en una carrera con posterior profesión. A mi lado, una mujer embarazada. Se toca la barriga, seguramente pensando que a qué mundo va a traer a su hijo, cómo le dará de comer, etc. y etc.
Venga, anímense, candidatos. Cierre de campaña en el metro. Pablo Iglesias (sí, Pablito, que a mí no me engañas, que ya no vas en metro y todos lo sabemos), Carmona, Esperanza Aguirre, Cifuentes, Pedro Sánchez, Albert Rivera… Tovar, Pedro Antonio Sánchez, Gras, Ballesta y todos los que me dejo. Al metro a cerrar la campaña. Cuenten sus milongas, den sus ánimos, pidan su voto a la gente de vuelta del trabajo (o de ida), de la oficina del paro, del trabajo mileurista o seiscientoseuros-ista, la mamá embarazada y en paro, la señora con una pensión de mierda, o yo, madre con profesión que solo busca no tener que hacer piruetas con poco dinero para llegar a fin de mes, que me paguen por mi trabajo y me reconozcan como profesional frente a otros que intrusivamente me quitan las posibilidades. Eso sí, ya saben, a riesgo de llevarse un bolsazo, un manzanazo o muchos móviles-azos. Va en la candidatura y en el sueldo. Va incluido en el compromiso que dicen van a adquirir si ganan, va en todo lo que dicen que harán a pies juntillas porque son los mejores. Pues venga, cierre de campaña y fiesta en metro, bus, tranvía… A dar la cara.
Para terminar y como un pegote hago aquí, decirles que bajo mi humilde opinión de ciudadana y algo enterada de cómo van las cosas, el domingo tras la «fiesta de la democracia» y happy, happy, no va a cambiar absolutamente nada. Son los actos los que cambias las cosas, no las ideas, y mucho menos vacías. Y gane quien gane nadie va a hacer absolutamente nada, al menos por el momento, son muchos los intereses cruzados, principalmente en que la sociedad esté dividida como lo está ahora, con poco poder adquisitivo y por tanto sujeta a lo que el de arriba dicte, sin más opción. Yo no sé la fórmula para cambiar las cosas, lo que sí sé y cada día veo más claro es que no hay voluntad por parte de la clase política de cambiar nada. ¿Por qué? Lo dejo para otro rato de mala leche.

 

madridmetro




Cierre de once

No le conocí lo suficiente pero sí lo necesario para sentir una energía especial que transmitía. Hombre con carisma, anécdotas mil y una sensibilidad que hacían de él alguien difícil de olvidar con tan solo una vez. Una esencia vitalicia, una estela difícilmente borrable. Mil y una veces escuché anécdotas sobre él y mil y una veces me sonreí. Pues en este caso, ni languideciendo: genio y figura, y lo que sigue.

Cuentan de esas mil anécdotas que lucía con orgullo por Gavá, su ciudad no natal pero de adopción y de largo, el escudo del Real Madrid en su chaqueta. Era de oro, dicen unos; solo un pin, cuentan otros. Pero sin complejos: en plena Cataluña soy de quien me da la gana, como si es del Filipinas Fútbol Club. Complejo, ninguno. Orgullo, mucho. Pues don Santiago Bernabéu era vecino de su Almansa natal y su corazón vestía blanco para los menesteres futbolísticos. En plena Barcelona. Y con un par.

Emigró muy joven desde esa Mancha Manchega de vino y torta en busca de un futuro mejor. Siempre junto a Carmen, su Carmen, a la que veneró hasta el día de su muerte. Recuerdo a ésta soplar 90 primaveras y Ángel, que es a quien me refiero con estas humildes, llanas y esdrújulas palabras, recitar a su amada unos bonitos versos en los que le decía que tantos años después era la mujer de su vida y con quien se volvería a casar. Se emocionó y lloró, los hombres lloran. Los hombres del Real Madrid en Gavá lloran. Los hombres del Real Madrid en Gavá enamorados de la mujer que lo hizo hombre por siempre, lloran.

dominoPero quizá la anécdota que siempre, siempre, irá ligada a su nombre en mi mente es el resultado de una partida de dominó en el que hizo un cierre de once puntos. Ese resultado plasmado en un papel le acompañó en su cartera 30 años o más. Yo hubiese hecho lo mismo, menudo cierre, mi máximo está en siete. Y en familia, como a él le gustaba estar, pues el compañero en ese cierre de once mítico de este hombre del Madrid en Gavá fue  su sobrino Antonio; si no éste sería seguro su inseparable hermano, del mismo nombre. Dos hermanos para dos hermanas dieron fruto a una familia especial manchego-catalana que hoy despide al que ha sido su cabeza durante más de sesenta años.

Hace un mes si acaso celebró en su Almansa natal su 90 cumpleaños. Muchos kilómetros que tenía especial énfasis en realizar sabiendo, con certeza que ha demostrado ser pasmosa, que sería la última. No le vi, pero me quedo con la sonrisa de oreja a oreja que mi hija trajo de tal evento y de la ilusión del tío Ángel que, aunque hablaba de garganta, se le presentaba juguetón, le hacía reír  y del que recibió mucho cariño. Fue esa energía de la que antes hablaba la que volvió a mí tras mucho tiempo a través de mi hija y la cual guardo en un rincón de mi corazón para siempre. No lo duden.

Tío Ángel, mis poemas son ridículos frente a tus rimas y versos, algunos de ellos me dedicaste. Pero hoy me atrevo a dedicarte yo unos de mi cosecha, pues allá donde estés, junto a tu Carmen, un pequeño homenaje no es baladí:

 

El sol salió hoy sin ti
parece no querer lucir

No aguanta su pena,
nada alivia su angustia
un gran amigo y compañero
no volverá a relucir entre sus rayos.

Un Ángel vio subir,
para su sorpresa e incomprensión.
Si bien era algo inevitable,
podía esperar,
No tenía que ser hoy.

Cuida a quienes antes te precedieron
en el camino hasta eternidad.
Luce tu escudo, cierra de once
Haz a tu Carmen feliz.

Descanse En Paz.

sombrero tio angel




Madreabuelas

Sí. Madres que ya son abuelas pero no solo son madres ya testimonialmente, ejercen como tal y como siempre han hecho. En realidad al nacer su nieta no dejaron de ser madres, lo fueron de manera distinta, en la modalidad «madre a través de una hija/hijo y solo a media jornada o completa pero con periodos de descanso».

Las madreabuelas son madres de dos generaciones. Y lo saben. Entienden que el bienestar de su hija/hijo revierte en el bienestar de la nieta, lo que hace que se convierta en una maternidad «efecto dominó». Están en todo, pero lo más importante, no olvidan que antes que abuelas fueron madres y que su hijo/hija es el primer escalón que ha de estar bien forjado y sujeto, sólo así se puede pasar al siguiente.

Una madreabuela sufre por dos, pero multiplicado por dos, digo. Si no es el enfriamiento de su hija o hijo es el de la nieta; las toses, los moquitos, esas fiebres que son estirones.

bebe-lleno-de-besos-la-abuela-estuvo-aquiUna madreabuela cuando va de compras, fundamentalmente de ropa y calzado, va inconscientemente mentalizada de que son tres generaciones a las que hay que vestir. Y curiosamente esa ardua tarea se realiza abnegadamente empezando por el final, es decir, primero a buscar lo de la nieta, que para ella es lo importante y más necesario, siendo lo del hijo/hija lo siguiente y quedándose ella para la última, lo que conlleva que en algunas ocasiones se haya hecho tarde y no dé tiempo. Pero da igual, la madreabuela ha realizado su cometido, que no es otro que atender a su prole en dos escalones dispuesta.

Decirle a la madreabuela que vas al supermercado a hacer la compra es que se venga contigo y  terminar llevándote hasta unos mangos riquísimos que ella ha probado y da fe que te gustarán, aunque no sepas qué es un mango o no los hayas probado en tu vida. O simplemente no te gusten los mangos. «Pero que mi niña/niño y nieta no les falten mangos para comer».

No quisiera ni de lejos despreciar la tarea de los padreabuelos, esa nueva especie surgida de una generación de padres que no solo lo eran, sino que ejercían. Pero me van a permitir que hoy se lleven el protagonismo ellas porque, al final, son el alma de la familia. Y la entregan como tal.

Yo no sé si algún día seré madreabuela, de momento solo estoy en el primero de los escalones. Lo que tengo claro es que a lo que mi caso concierne me están dejando el pabellón muy alto. Pues en mi caso, mi madreabuela, madre de la que estas letras escribe y abuela de mi hija, además de ejercer tal cargo con nota muy alta, es esposa, madre de otros dos hijos y mujer trabajadora, es decir, está en activo.
Solo puedo que estarle agradecida y pedirle que se dedique más tiempo a ella y a su marido, sé de sobra que de madreabuela está ahí y solo tengo que toser para que aparezca.

Gracias a todas las madreabuelas por hacernos la vida más fácil. Son muchas las madreabuelas que hay en este país y de muchos tipos. Mueven la vida diaria de todos los hogares españoles, y todos lo sabemos. Vamos, por ello, también a ponerlo en valor.

Me podría haber esperado una semana y al día de la madre para escribir estas líneas pero no, una es madre y madreabuela los 365 días del año, así que hoy me ha parecido un día perfecto.

Y me van a permitir que dedique estas líneas a dos supermadreabuelas: a la mía, a la que adoro y sin la cual no sería nada, aparte de por su ardua tarea de madre y ahora de abuela porque me dio la vida y eso, ese mérito, es exclusivamente suyo. A la otra supermadreabuela la valoro si cabe con más objetividad, valoro todo lo que hace por amor a su dos-escalones-prole desde la distancia, lo que me reafirma en la idea de que su labor, su ayuda y su presencia han sido y son claves para dos personas a las que tengo un especial cariño. Por no poner su nombre pues podría molestarle, diré que el Rojo es el color de su vida y de su sangre. A buen entendedor, en este caso entendedora, pocas palabras bastan.

Es su tesón y su empuje lo que hace que evolucionemos y que, los errores del pasado, queden en meras anécdotas. Qué vivan las madreabuelas.

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En una calle de Madrid

Vaya por delante, como saben ustedes, mi amor a Murcia y mi pasión por Cartagena. Son sentimientos que irán conmigo hasta el día que muera pero el vivir y experimentar hacen, por suerte, que aparezcan otros nuevos. Como se dice comúnmente a mi tierra a morir, desde luego. Pero España es algo más que mi entorno más cercano y surgen más amores que se pueden compatibilizar con los otros y que hacen que, al final, se valore mucho más lo que todos los días se tiene a tan solo traspasar el portal de casa y no valoramos o, en su caso, aquellas carencias que son perfectamente importables y que no hacemos por miedo a perder la identidad. La identidad de un lugar son las personas y sus comportamientos, el lugar en sí no tiene más identidad que la belleza que uno percibe y es inanimada. Son las gentes que pasan generación tras generación las que dotan de esa identidad. Así que fuera ciertos complejos.

Complejos de reconocer, por ejemplo, que Madrid, capital quizá de chiripa (o no) de nuestro país tiene una belleza e identidad que son innegables. Pero es que además tiene una vida, un vivir, un estar vivo, un movimiento que hacen de ella la ciudad que nunca duerme, sin ningún tipo de envidia a ciudades como Nueva York o Londres. Yo no sé ustedes, pero ver un domingo por la mañana la Plaza Mayor madrileña (sin relaxing cup of café con leche) y aledaños con un ir y venir de gente viviendo tiene, al menos para mi, un valor incalculable. Soy persona que odia los domingos por encima de todas las cosas, los domingos son esos días de estar cerradas hasta las calles, de tener que coger el coche y marchar fuera de Murcia para poder sentirse vivo. Esto, señores, no ocurre en lugares como Madrid.

Ayer tarde caminaba por El Retiro. Sí, qué típico, pero qué verdadera gozada. Y terminé en una barquita, como manda el protocolo ‘retiril’, y me reí como hacía mucho que no lo hacía. El estanque estaba a reventar de barcas (y de unas pedazo de carpas que pegaban saltos y salían a superficie del tamaño de mi brazo)  pero es que el parque en sí estaba a reventar de familias, parejas, corredores, músicos, artistas, etc. y otro etc. más. Ayer en el Retiro no era domingo, no era ningún día de la semana, era vida, gente, sentimientos, emociones y ambiente donde, personalmente, no sentí esa nostalgia dominguera que tanto me asalta en mi Murcia no natal pero sí original. Los hay que necesitamos de vida, de vidas, para estar vivos. Y eso, señores, solo lo encontramos en ciudades como Madrid, donde la Gran Vía era un ir y venir de gente y coches, así como Sol y muchas otras. Yo quisiera una Madrid en Murcia pero también una Cartagena en Madrid, ojo.

Es evidente que comparar el puerto de Cartagena, mi puerto, mi valle de lágrimas, sus faros, su mar abierto y su lebeche con el Retiro es como comparar, no sé, una ensalada del burguer con unas buenas verduras a la plancha en el Rincón Huertano. Debo de reconocer que «me metí» y reí de cuantos me acompañaban un buen rato, desde luego el estanque del Retiro, aún con unas carpas como terneros de grandes, no es ese Mar Mediterráneo o Mar Menor que nos baña. Es por eso que entonces diré que quiero una Madrid en Murcia con Cartagena y con lebeche, por favor. Y es que vaya, vaya, aquí no hay playa… Ni marineras, por cierto.

Porque ayer comí de tapeo. Cuando me preguntan qué quiero, lo primero que dije, sin pensarlo: «pues para abrir boca, una marinera, ¿no?». Al segundo, caras de interrogación. Ganas de meterme en la cocina y prepararles una no me faltaron, pero ya saben, intento comportarme. Ahora, el invento les hubiese encantado. Me lo juego a una carta con ustedes. Pero no acaba aquí lo anecdótico, pues en Madrid el atún no es atún sino bonito así que no sé si el bonito será directamente pez espada o qué. Qué manía. Una que llega de puerto de mar y encuentra empanadillas de bonito, pregunta si es bonito o atún, le dicen que atún, y replica que si es atún para qué ponen en el cartel que son de bonito. Ya saben, yo siempre haciendo amigos. Eso sí, resultó que la camarera era asturiana y se echó a reír, aconsejándome que no insistiese, que esa batalla estaba perdida, ya lo sabía ella bien. Había optado la buena mujer por poner lo que diga mi jefe. Pues disculpa pero tu jefe es un poco cateto. Hablemos y escribamos con propiedad. Y de paso, vendamos lo que es.

Así pues mi reflexión no viene a ser otra que Murcia es mi amor, Cartagena mi pasión pero Madrid ese lugar donde todo, absolutamente todo, es posible. Donde siempre hay algo que hacer o ver, donde la gente vive más en la calle de lo que los murcianos nos pensamos, donde para algunos profesionales con titulaciones/profesiones de ciertas características  tenemos la puerta más grande y donde, además, el carácter capitalino de «todo el mundo a su bola» que asignamos a Madrid sin saber ni juzgar pues a lo mejor no es tal y es injusto que así continuamente lo hagamos.

Y es que hay que ser justos: no nos gusta en Murcia que nos acusen de ser el trasero del mundo y los últimos en todos los ránkings, como decía Yayo Delgado. No acusemos, por tanto,  a Madrid de ser la devora personas sin sentimientos, vivencias ni cultura propia.

Murcia, cachíto de cielo que Dios una tarde se dejó caer.

Cartagena, Puerto de Culturas, Semana Santa y mar, mucho mar.

Pero de Madrid, al cielo. 

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Poema en imperfección sostenida y clave de Fa

 

Te comía

a besos.

Cada centímetro de tu piel,

cada milímetro de tu ser:

Quiero tu, tu y tu.

Te mordía

cada lóbulo de tus orejas,

tremenda delicadeza pero fuego

preparando la ebullición:

¿te llevo a la pasión?

 

Pero no me ames,

no debes.

Solo disfruta de mis cuidados

de mi cariño

de mi delirio por ti.

 

Pues sería la dueña de tus deseos,

de tus sueños,

y de tus lamentos.

Y, como Hugo el de las batallas,

no quiero necesitarte

pues no puedo tenerte.

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Luna pudo ver a La Piedad

Luna llena de cuaresma quiere, de nuevo, ver a La Piedad. Es Lunes Santo y va a salir a pasear.

Sabe que no puede, solo quiere, quiere y quiere.

– Luna, eres inmortal, esa es tu virtud y a la vez tu condena, intenta que no se convierta en la fuente de tu pena.

– Extiende tu brazo, te lo ruego, dame tu mano. Sé que es imposible, no lo es soñar. Voy a bajar. Quiero ver  a la Virgen de La Piedad y poderla tocar.

Al extender mi mano en un intento de agarrar la luna entera en mi puño, el puerto, por tan solo un instante, se instala en absoluta oscuridad. De repente, una voz dulce, serena, angelical se dirige a mí con un leve cantar:

– Soy Luna, Luna de Cartagena y su mar, y quiero que me lleves de tu mano, por la ciudad, a conocer  a La Piedad.

Cuando un atisbo de luz se puede apreciar, observo de mi mano agarrada la de una dulce niña de grandes ojos azules, pelo casi canoso y vestida de un riguroso morado marrajo en forma de vestido, entiendo que, Luna, no quiere desentonar.

– Agarra bien mi mano, Luna. No tengas miedo al caminar. Hoy, como excepción a tu inmortalidad, va a conocer a Nuestra Señora, La Virgen de La Piedad. Y las vas a poder tocar.

Tambores y matter mea. Capirotes con hachotes. Nazarenos y caramelos. Las «manolas» acompañando a la virgen en su dolor, rezan sus rosarios a ritmos de tambor.

– Luna, mira, se vislumbra lo lejos el manto que en la cruz de Nuestro Señor cuelga y que el lebeche hace ondear. Luna, ¡se acerca, se acerca La Piedad! Son sus promesas, las que con su constricción del dolor del peso en sus hombres de Nuestra Señora los que hacen a la virgen, a La Piedad con su hijo yacente en sus brazos poder caminar.

– ¡Oh, Señora Mía, piadosa! ¡Oh, Caridad «chica»!, ¡Ay Virgen de La Piedad! ¡Mi sueño hecho realidad! No sufras, mi señora, no hay mejor consuelo que Cartagena a tus pies acompañándote en tu pasear y aliviando con su compañía tu pena y pesar.

-Mira, Luna, ahí la tienes, a la Virgen de La Piedad. Aprovecha su parada frente a la Basílica de la Caridad.

Frente a frente Virgen y Virgen. Los cartageneros, con devoción y pasión especial cantan su salve: «A ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas…«. Mi valle de lágrimas, Cartagena y su mar, su puerto, donde mi refugio se hace mi hogar, pienso yo.

– Luna, ¿dónde estás? ¡No te veo! ¡Te dije que de mi mano no te debías soltar!

Pero, Luna, consciente de su única oportunidad, comienza a levitar y en forma de diente de león, se posa sobre el corazón apuñalado de la virgen. Continúa elevándose hasta posarse sobre las lágrimas saladas de nuestra Piedad, absorbiendo esa amargura de agua salada y haciéndolas secar.

Y cuando la salve finaliza y los cartageneros aplauden y vitorean sin cesar, un cohete se eleva al cielo y estalla. Nuestro himno nacional comienza a sonar. Y una luna más brillante que nunca en cielo observa sin más. En el cohete, en forma de diente de león, iba Luna satisfecha, de vuelta al cielo, su cielo cartagenero, sobre la mar.

Y es que por fin, Luna, movida por su fe de siglos y siglos eternizada, por fin pudo ver a La Piedad.

Murcia, 30 de marzo de 2015. 14:00 horas. Lunes Santo.

A TODA CARTAGENA, COMO AGRADECIMIENTO A SU DEVOCIÓN A LA VIRGEN QUE TANTO VENERO Y POR EL RESPETO QUE AÑO TRAS AÑO MUESTRA CON SUS TRADICIONES, LUCHANDO E INTENTANDO QUE, BAJO NINGÚN CONCEPTO, ESTAS DESAPAREZCAN.

EN ESPECIAL NUESTRA SEMANA SANTA. GRACIAS.

UNA CARTAGENERA ORGULLOSA.

Agradecimiento a Paco Silvente por la ayuda con la foto.

Agradecimiento a Paco Silvente por la ayuda con la foto.