Como pompas de jabón

Cuando estudiamos Literatura de manera formal siempre se entra a estudiar la obra de un autor a tenor de ciertos «parámetros» de su vida que, sin lugar a duda, influyeron en su obra. De hecho, a día de hoy la Literatura es comparada muy  en esta vertiente. Pero, ¿qué pasa con la Ciencia Ficción, Novela Histórica o Fantástica? ¿Tiene rasgos de la vida del autor? Pues sí, probablemente, pero ¿qué importa más, lo que vivió o lo que nos intenta transmitir de lo vivido? Aquí les escucho ahora a todos contestarme al unísono: «es que sin una cosa no se puede entender la otra». Pues miren, no. Qué bonito ejercicio el de leer una obra sin saber nada de su autor y, tras sacar la conclusión que de nuestra lectura haya salido, entonces leer su biografía . Qué vengo a decir: que es evidente que un libro es hijo de su autor pero, no siempre lo que escribe es fruto de su vivencia; que el ingenio es la clave y, el invento, la manera de crear realidades que nunca existirán, pero no porque sean deseos frustrados  sino por el mero hecho de medir hasta qué punto uno es capaz de imaginar. Y, por tanto, crear.  Así, que de primeras, decir que me gusta poco el análisis literario, porque cada autor es un mundo en sí mismo y una serie innumerable de parámetros creados para juzgar la Literatura (sí, juzgar) totalmente arbitrarios dejan fuera talento e ingenio. Pero de los genuinos, de esos con los que se nacen. Y estamos rodeados de personajes que los tienen; tenemos la suerte de que un día se crucen en nuestra vida y se queden. Y es posible de que aún no se hayan enterado. Miren, miren.

Hace ya más de un año llegaba a mis manos como ganadora de un sorteo en una cena un libro escrito e ilustrado por más de cincuenta autores (ríete tú de tus sombras, Grey) que tan solo una persona tuvo la paciencia, santa paciencia, inconmensurable paciencia, de coordinar y consensuar hasta publicarlo. Porque el ego es muy traicionero y cada uno vivimos a nuestro aire. Y aunar todo eso junto a  muchos estilos de escribir más  el hecho de que todos los relatos que conforman la obra van unidos, es decir, forman una historia total, eso, yo no soy capaz de hacerlo. Y usted, probablemente tampoco. Aquí me va a permitir que le ponga en duda. Si, a usted.  Porque la paciencia no es algo que esté muy de moda y se gaste mucho. De hecho, no lo ha estado ni se ha gastado mucho jamás. Por mucho que digan que hoy en día «no aguantamos ná».

Yo conozco a alguien que lo ha hecho. Imagínenme (si no me conocen, alguna foto o vídeo de mí habrá por ahí) con cara de orgullo, esa cara leona mía de ceño fruncido y dándome unas cuantas palmadas (de las que resuenan en tonos muy graves) en el pecho, diciendo: «sí, sí, yo  lo conozco y se llama Rafael Hortal». Pues sí, el libro que llegó a mis manos antes de conocer al autor se llama Arde el Trópico y su coordinador, Rafael Hortal, una persona que vale más por lo que calla y hace con discreción que por lo que presume. Sencillamente, no necesita presumir, «pa qué», si solo con seguirle la pista una lo capta rápido: caminar sin prisa pero sin pausa, sin confrontación, con bendita paciencia y una elegancia que ya quisiera yo para mí. 

Luego coincidiría con él en mesa de tertulia, en televisión. Me lo puso fácil desde el principìo. Ojo, no porque me diese la razón, sino porque sabía y sabe cómo te tiene que decir las cosas; habla de lo que sabe y se documenta y es, además,  de las pocas personas que conozco que mira a los ojos, sin temor, tenga a quien tenga delante. Esas son las personas auténticas, los autores auténticos. Son pompas. Y de jabón.

¡Ajá! Pero no se crean que es que «nació» así. Supongo yo que apuntaría muchas maneras, desde luego, pero tener a su lado durante casi ya cuarenta años a una mujer brillante es seguro que tiene mucho que ver en lo que Rafa es hoy y escribe. Porque María José Cárceles, su esposa,  tiene su propio currículum, su valor por sí misma y mucho trabajo y esfuerzo  detrás. Pero tiene embrujo. Tiene luz, ese talento del que escasea. Tenemos, así pues, la combinación perfecta. Talento más talento es igual a muchísimo talento. Pero, en este caso, si sumamos paciencia infinita más embrujo con sabiduría y racionalidad: ¡boooooombaaa!

Ella quince y él diecisiete. Se ignoraban. Eran vecinos. Y como les digo, hasta hoy. El destino me pondría después a María José también en mi camino, concretamente el día que se presentó Arde el Trópico, en una tienda de Murcia. Y, posteriormente, en la mesa de tertulia de la misma televisión. Igual que Rafa, me lo puso fácil.  Pues está en su  hacer el saber cómo decir las cosas; habla de lo que sabe, se documenta; porque, al igual que Rafa, te mira a los ojos sin temer. Pero, además, tiene una sonrisa tan magnética que de primeras coloca a quien tiene delante una sonrisa tonta en la cara, lo que hace que no pueda haber confrontación alguna. Ese es su embrujo. Es un halo de luz que de repente deja a una como cuando se hecha una foto con flash. Pero lo más valioso de ella: vocación educativa. En la mesa de tertulia yo no debato con ella, aprendo. Y lo seguiré haciendo. Es que lo quiero hacer.

El 15 de diciembre, Rafael Hortal presentó en la Eroteca de Eva* su nuevo libro, Historia de Lo. Alucino con el brebaje que Rafa ha sido capaz de preparar. Mezclar una temática tan difícil a la hora de escribir como es el sexo y el erotismo con una parte primordial de la historia de nuestra ciudad, de Murcia: que durante siglos fuimos musulmanes y de aquello quedan restos. Tranquilo, Rafa, que no ejerceré de «spoiler», eso faltaba. Solo decirles que ese libro encierra secretos eróticos, sexuales e históricos y es, además, una guía perfecta para conocer la matriz de la Murcia musulmana gracias a ese  ingenio admirable y Made in Rafa de escoger personas que existen y utilizarlas como personajes en la obra, sin la necesidad de desvirtualizarlos mucho. Vamos, que se lo ha tenido que pasar en grande, seguro.

¿Qué pretendo hoy? Poner en valor a un autor que lo merece, Rafa Hortal.  Que la Literatura es por sí misma arte y, a mi entender, imposible de clasificar y ordenar por existir obras como las de Rafa, que son brebajes, conjunciones, combinaciones. Eso sería como coger un tarro con azúcar y clasificar cada uno de sus granos. Ojo, que no todos los granos del azúcar son iguales. Por separado, dependiendo de la luz y muchos otros aspectos, brillan de manera muy distinta. Algunos están rayados. Así que Rafa, te traslado hoy mi reconocimiento como autor de culto, por muy desapercibido que quieras pasar. Sigue disfrutando tanto con lo que haces. Y, por supuesto, sigue haciéndonos disfrutar a los demás.

Creo que sabes la inmensa suerte que tienes de tener a tu mujer a tu lado; ella también es conocedora de la suerte que tiene de tenerte. Pero yo, debo recordároslo a ambos. Lo vuestro es historia de «love». Pero del de verdad. Del auténtico. De ese que San Pablo predicaba a los Corintios en la primera carta que les dedicó.

Hace una semana, aproximadamente, coincidí con la pareja en una exposición del genial pintor Marcos Amorós de la que María José  es la Comisaria. Rafa, galán y dentro de su manera de ser, tres pasos detrás de ella, sin perder una instantánea del momento. Al igual que ha hecho siempre María José cuando le ha tocado  a Rafa el protagonismo.  Algún día me explicaréis como dos artistas de tanta talla no han conseguido matarse en una guerra de egos o, simplemente, hacerse sombra. Qué maravilloso que existáis. Qué afortunada me siento de teneros en mi vida. Cuánto lucharé y os seguiré para que no os vayáis nunca de ella.

Porque las pompas que aparecen en la obra de Marcos Amorós simbolizan, sin duda, la unión y la atemporalidad. Pero, voy más allá: yo creo que son personas como Rafa Hortal y su mujer, María José (o María José y su marido, Rafa), pompas de jabón transparentes, brillantes, con la capacidad de volar, de pervivir en el tiempo y, en este caso, juntas (aunque no se lo digan a nadie pero yo creo que son la misma pompa desde hace mucho). 

«Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón». Gracias pos mortem a Machado, porque me ha dado la definición que yo no he sabido dar del tándem Hortal-Cárceles: mundos sutiles cada uno de ellos; ingrávidos y gentiles como nadie;  simplemente  como esas pompas de jabón que Marcos Amorós hace de su obra, su sello.

Ellos son las más bonitas, auténticas, discretas y brillantes pompas de jabón. Que no explotan. Y nunca lo harán.

*La Eroteca de Eva: http://www.laverdad.es/murcia/v/20130922/murcia/eroteca-entre-murallas-20130922.html 

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3 comentarios en «Como pompas de jabón»
  1. Ha sido una sorpresa encontrarme con este escrito de nuestra amiga Ana Soto. Sigo asombrado por lo inesperado y por lo acertado. En la primera parte hace un análisis sobre el autor y su obra con el que estoy totalmente de acuerdo (de hecho, muy a menudo, las mejores obras son las primeras, cuándo no era conocido el autor). Con respecto a si es mejor o peor mi obra no me corresponde a mi opinar, ya que depende del lector; pero está claro que escribo lo que me gusta sin pensar en recompensas de ningún tipo.
    En lo que Ana Soto acierta de pleno es en esa simbiosis entre María José y yo. Su forma de ser y de pensar engrandece mi carácter y mi sabiduría día a día. Gracias Ana.

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