De humanidad y caballeros

Lo que hay que ver y vivir… Yo no sé si son cosas de la capital, de la humanidad en sí o cosa mía. Porque a lo mejor yo estoy en un error, pero al menos no es lo que yo he aprendido.

Domingo, nueve menos cuarto de la mañana. La parte metro (cogerlo a tiempo y tal), bien, sin reseñas. Poca gente, la mayoría disfrazados de carnaval y con toda la pinta de volver a casa o bien de camino a un after. Todo es posible. Qué envidia, yo de camino a un examen. Repasando lo que puedo, intentando que los apuntes no salgan volando, pues entonces, la hemos liado.

Llego a mi parada, y como una flecha de indio comanche, salgo de la estación. La sede del examen ya está a un tiro de dos piedras, bien Ana, eres una murciana en Madrid que ha sabido medir los tiempos.

Entro en la sede, son menos cinco. Llego, estoy segura, no hay apenas alumnado y sé la clase; es subir las escaleras y al fondo. El abrigo, la bufanda y los guantes los voy desvistiendo mientras tanto, a la par de sujetar la carpeta con los apuntes y el manual.

Orgullosa de mi proeza, comienzo a subir a la escaleras. Al quinto escalón, tropiezo, estoy clavando las botas de más. Relájate, Ana. Aguanto el tipo, solo ha sido un leve movimiento ondulado de abajo a arriba pero me mantengo intacta. Sigo.

Un grupete de chavales ( no mas de cuarenta años por cabeza ) a la izquierda en unos sofás con pinta de cómodos, ya sitos en el primer piso, levantan la mirada de sus apuntes, me miran, y siguen a lo suyo. Yo, roja como los pimientos de mi tierra, dolorida, recojo todo deprisa, qué vergüenza. Pero es que no llego al examen. Doy por hecho que ninguno era estudiante de Enfermería, ni me planteo Medicina. Yo no sé si son maniquíes para hacer bulto o simple robots. No muestras reacción alguna ante mi caída. Me levanto, me río y llego al examen. El profesor aún no había llegado.

Ahora mismo. Antes de subirme al metro en el que voy escribiendo estas letras. Saco mi cartera para sacar el bono-metro y se me caen unas monedas. Al agacharme a por estas monedas, se me caen más. Además de estar obstaculizando el paso, estoy derramando mi escaso patrimonio por los suelos, que aunque escaso, es mío. El vigilante, a escasos dos metros de mí (literal), recostado sobre una de las máquinas de picar el bono, habla por el móvil, muy confundido porque «Paco está haciendo unos turnos muy raros y esto no puede ser», mientras vigila ojo avizor a un señor que claramente va a intentar colarse en el metro. Ni me mira, creo que me podría haber colado yo cogiendo mi susodicho patrimonio antes que aquel al que vigila a unos 30 metros.

¿Alguien me puede explicar qué pasa? ¿Ya no nos ayudamos? ¿O solo cuando ya estamos criando malvas a través de manis, minutos de silencio y mensajes en las RR.SS? A lo mejor es que se me nota que soy de Murcia y saben que las murcianas somos fuertotas y valientes, tiene que ser eso. Si me hubiese roto literalmente la frente o la cara, ya se me curará a chorros de limón, que son buenos para todo.

Vivimos en un mundo globalizado, cada vez más. Pero también deshumanizado, también cada vez más. A mí me enseñaron a socorrer, a ayudar, a respetar haciendo que un incidente embarazoso lo sea menos. Pero sobre todo, a impedir que alguien se rompa la crisma en mis narices, qué menos.

Me planteo qué hubiese pasado si son féminas y no varones los que presencian mi caída. Lo mismo si el guarda del metro es mujer. Supongo que lo mismo, pero es que me ha dado por pensar.

Y ahora sí, me mojo: ¿dónde quedan los caballeros? (Pero no por su belleza y porte sino por sus maneras) ¿Dónde quedan aquellos que le abren a una la puerta o le ayudan a ponerse el abrigo? Ojo, ojo y ojo. Que ahora hay cierta tendencia por parte de las féminas a pensar que la caballerosidad es machismo encubierto. Lo respeto, pero no lo comparto. Hay hombres muy modernen, hombres de hoy, iguales a nosotras y caballeros. Que no está reñido. Y a mí me gusta.

Pero yo hablaba de la humanidad, que me lío. Menudo chasco el mío. La gente ya no es gente. Bueno, solo post mortem, y algunos ni eso.

Pon un humano con humanidad en tu vida. Y si es un caballero, en el caso de nosotras, mejor. Pero vamos, en esto útimo «para gustos, los colores», no quisiese yo provocar a nadie.

caerse

image_pdfimage_print

Deja un comentario