El destino de la física improvisa (II)

Y ahora, momento y lugar en el que una, habiendo tenido «planificado» un posible destino, se encuentra con que el destino que me pertenece en esa cuarta parte o menos es de posibilidades infinitas. Sí, infinitas, soy un sujeto dentro de todo un universo potencialmente susceptible de ser dirigida a cualquier situación o vivencia. Mis actos, la divina providencia, pondrán de su parte, pero esa energía que el universo generó sin destruirse hasta ahora es un viento que me tiene que llevar a algún lado, bueno o malo. Me da miedo. Todo es muy inmenso. Las posibilidades son muchas y el cálculo de si serán buenas o malas no es 50-50, desde luego. ¿Y si fuera posible, mediante las matemáticas ayudada de la Física del universo calcular las probabilidades que tenemos de un destino «bueno» y otro «malo»? Desde luego experiencia alucinante, sería querer controlarlo todo. Y ya me lo repito a mi misma más de una vez: ni puedes controlarlo todo y por culpa de así quererlo tu destino, con buen augurio, tornó a malo. Debo dejar fluir, sin duda, pero cómo me gustaría llegar a poder realizar ese cálculo. Y muchos otros que rondan la cabeza pero que si les comento corro el riesgo de que piensen que estoy como un cencerro. La curiosidad mató al gato y desde luego, un día, me puede matar a mi.

En la facultad la asignatura de Estadística era para mí un poco inservible y plomazo pero necesaria para continuar. La aprobé, con buena nota, pero he de reconocer que me limité a saber resolver los problemas, no a imaginar lo que esa herramienta que se me estaba dando guardaba en sí y en el futuro me podría aportar. Al igual con las Matemáticas y la Física. Poder intentar llegar a conclusiones propias, siguiendo una metodología y probando a lo acierto-error la cantidad de teorías que mi cabeza guarda, utilizando el método científico como arma de mayor valor y totalmente eficaz y eficiente. También es cierto que todo en la teoría, pues en las integrales por partes ya me atrancaba y de ahí no pasé. En Física las ondas acabaron conmigo y en Estadística, la parte de Probabilidad, me producía apatía. Es que tampoco puede una querer dominar todas las ciencias de este mundo, es verdad, pero como gustarme, me gustaría. Sobre todo, como les digo, probar esas locas y atrevidas teorías que me rondan la cabeza. Y sobre el papel.

He perdido estos días una gran inspiración, no lo puedo negar. Alguien que me mostraba tal conocimiento propio que me impulsaba a plantearme y pensar, quizá demasiado. Desde luego mi mente gracias a esta fuente de inspiración estaba más ávida y despierta y eso se refleja, entre otras cosas, en los excelentes resultados académicos obtenidos. Pero como dice Paulo Coelho (que me gusta regular nada más) no podemos pretender tener lazos con quienes no quieren tenerlos con nosotros. Y más si se trata de toda una panda, como en este caso. Pero nunca olvidaré su inspiración y ese sentimiento mental de más y más, de despertar, de saber y teorizar.

Destino, en la parte que te toca y en la que participas como hacedor de mi futuro, solo te pido una cosa: nunca me apagues, mucho menos la mente. Se quedan inspiradores por el camino pero yo quedo igual, dirígeme por la senda de aquellos con los que siempre pueda aprender algo nuevo, da igual la condición. Pues la mente es lo que dirige nuestro cuerpo en un sistema cerrado y anular mente-cuerpo y si ésta no está clara, el cuerpo es posible que tampoco. Es el destino de la Física improvisa, imposible de improvisar.

destino

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