En ausencia de Blanca

 

«La mujer que no era Blanca vino hacia Mario desde el fondo del pasillo, vestida con la blusa verde de seda, los vaqueros y los zapatos bajos de Blanca, entornando un poco al acercarse a él y sonreírle los ojos, que tenían el mismo color y la misma forma que los ojos de Blanca pero que no eran de ella, dándole la bienvenida en un tono de voz tan idéntico al de Blanca como si de verdad fuese ella quien le hablaba» (Antonio Muñoz Molina, 1996) …

… Mario, como no estaba Blanca, se preocupó por ella; no quería tener una relación con Lucía, que es la mujer que se parecía a Blanca. Él no quería darle celos a Blanca ya que la amaba. Pero él era hombre y le atraía Lucía; además no le iba a ser infiel a Blanca, Lucía no iba a ser la sustituta de Blanca, «esa Lucía».

Lucía no quería a Mario, no es capaz de mostrar simpatía hacia él.  Mario se dijo a sí mismo: «Tú no vas a ser la sustituta de Blanca bajo ningún concepto». Ahora mostraba indiferencia hacia ella, se comportaba mejor con él… O lo que es lo mismo, más cariñosa y simpática.

Pero Blanca… ¡finalmente se encontraba en Nueva York! Mario así por fin la encontró y decidieron quedarse a vivir allí, donde él quería estar. Vendría, eso sí, a visitar a su familia… Y, por supuesto, a otro lugar en el que él había estado muchas veces y le encantaba: Cartagena de España y de Murcia.

Mario le dijo a Blanca que lo de Lucía era un bulo, que él no la quería, que no se pusiese su ropa y que si la volvía a ver solamente la saludaría, dándole la bienvenida y punto.

Y así, Mario y Blanca acabaron felices, encontrando la felicidad el uno en el otro. Este es el final de esta bonita historia.

Ricardo, 2018.

 

 

 

 

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