Mi nueva pequeña criatura

 

A Ana, mi sobrina.

En las circunstancias sanitarias, sociales y económicas más adversas de los últimos tiempos («economía o tiempos de guerra», que muy acertadamente dice tu padre) viniste al mundo… Y nos llenaste, con ello, de una alegría, ilusión y esperanza que nos hacían mucha, muchísima falta. Tras un confinamiento muy estricto debido a una pandemia a nivel mundial (te lo indico, pequeña mía, por si algún día lees esto para que sepas de qué hablo) y que nos sorprendió a todos de la noche a la mañana. Pero naciste… Y nosotros, tu familia, renacimos contigo, gracias a ti. Nos recordaste lo bello de vivir y la ilusión por la vida, por los proyectos, por lo valioso y necesario de luchar cada día… Y sin duda, el valor de la familia y la vida y el tesoro que supone el tenerla. Tú, junto a tus primos, sois la mejor y más valiosa muestra.

Dicen que este 2020 está siendo un año malo, muy malo, para olvidar… Pues para mí (llámame loca), no. Al margen de lo que nos está tocando vivir, este año me está dando innumerables cosas buenas, entre ellas, tú. Y me ha enseñado (y enseña conforme pasan los días) grandes lecciones de supervivencia, de gestión de emociones y situaciones nuevas que son muy cambiantes. Has venido, como se suele decir, con un «pan debajo del brazo», ya lo creo que sí.

Mi familia (en este caso, tus padres) me vuelven a obsequiar con el mayor de los regalos posibles… Que, además, para mi sorpresa y emoción, recibe mi mismo nombre. Ana Soto te llamas; eres Ana Soto Jr. ¡Joder! (con perdón), ¡que me sigo emocionando cada vez que lo pienso! Qué inmensísimo honor… Y qué regalo cargado de infinitas dosis de felicidad, ternura y amor, mucho amor.

¿Qué decirte, pequeña Ana? Que te miro y me sonrío; que te miro y todo tiene sentido; que te miro y tengo ganas de luchar… Que siempre me tendrás a tu lado, al igual que a tu prima Inés, la que, aprovecho para contarte, tiene muchas ganas de hacerte trenzas, jugar contigo, cogerte la mano y enseñarte el mundo… Ser tu fiel y dulce compañera.

El amor todo lo puede… Gracias por adelantado por todo el amor que has venido a darme para que luche. Y recuerda que jamás, nunca, estarás sola. Llora, patalea, grita… E iré corriendo allá donde estés.

Fdo.: Tu tita pesada (y tocaya).

 

image_pdfimage_print

Deja un comentario