Simetría fraternal

 

A mi amiga Dulce Bódalo; a la familia Pérez-Bódalo, con el especial recuerdo y cariño a José Eduardo.

 

*Artículo publicado en mi desaparecido blog http://blogs.laverdad.es/reflexionesuniversidad30/ el 2 de mayo de 2014. Está incluido dentro de mi primer libro publicado, ‘Reflexiones de Una Treintañera Universitaria’, (2015).

 

No tengo hermanas. Sí hermanos, dos. Yo soy la que va entre ambos. Desde luego
siempre eché de menos tener una, sin perjuicio de lo mucho que quiero a mis hermanos y lo que he compartido con ellos. Pero no es lo mismo, supongo que no es lo mismo. Creo que mi hermana hubiese sido ante todo mi mejor amiga y leal compañera, aquella con la que compartirlo absolutamente todo y con la que pienso que nunca hubiese tenido la oportunidad de sentirme sola. Los hermanos son una bendición, pero si son del mismo sexo y con poca diferencia de edad tiene que ser algo verdaderamente genial. Y lo creo porque lo he visto y lo veo todos los días.

Menuda pareja. Menuda pareja de hermanos bien avenidos. El temor de “las nenas”, los Zipi y Zape de Cartagena y parte de Polonia. Siempre al acecho, pasan parte de su vida juntos (cuando pueden, también es cierto) y es seguro que se lo pasan tremendamente genial. Yo creo que muchos les envidiamos, aunque sea yo la que ahora a través de estas letras lo reconozca. Pero sobre todo, les queremos y tenemos gran cariño, porque son sencillamente geniales. Menudos son los hermanos Pérez-Bódalo.

Eduardo es el mayor. Es algo más introvertido pero al mismo tiempo tremendamente observador. Y cuando se pronuncia sobre algo, sentencia. Con todas las de la ley. Yo soy algo mayor que él y le recuerdo, yendo yo de nazarena junto al trono de nuestro amado Descendimiento, con un mini-traje de capirote del Descendimiento (cara tapada incluida) llevando el paso al sonido de los tambores junto a su padre que de nazareno lo acompañaba. No tendría más de cinco o seis años y aguantó toda la santísima procesión. Lo lleva en los genes, y de varias generaciones. Ahora viste el traje titular, el de “verdad”, percibo que con el gran respeto y devoción hacia éste alrededor de los que ha crecido. Y es Ingeniero Naval, no podía ser de otra manera. Ama Cartagena, el mar y los barcos.

Javier es el pequeño. Es bastante extrovertido, al contrario que su hermano. También tremendamente observador. Y alguien que dice lo que piensa sin cortapisas (cosas que para mí es una gran virtud) con argumentos y con un margen de error bastante pequeño. Vamos, que no se suele equivocar, no dice tonterías. Tiene carácter, sí señor, parece más pasional. Se lleva algún año más conmigo que su hermano y lo recuerdo algo revoltoso. Recuerdo a su madre, Dulce, con un “Javier, estate quieto” casi siempre en la boca. También viste el traje titular del Descendimiento, y en las mismas condiciones de respeto y devoción que su hermano, han crecido en el mismo ambiente juntos. Y es cuasi-abogado, un gran cuasi-abogado, con un futuro a mi criterio bastante prometedor. Será Fiscal General del Estado, el presidente del Consejo General del Poder Judicial o directamente Presidente del Gobierno. Lo que tengo claro es que no nos va a dejar indiferentes a ninguno. Al tiempo.

Yo siempre digo, entre risas, que soy muy fan de los Pérez-Bódalo. Pero es que no se puede no serlo. Son geniales. Lo que no te dice uno, te lo aporta el otro. Son simétricos y complementarios. Van, cuando pueden, siempre juntos. Al unísono. Sus historias, sus Bódalo-secretos, sus confidencias. Disfrutan del ambiente de su querida Cartagena y tienen algo que a mí me encanta particularmente: se enteran de todo. Poseen dos radares a tiempo completo y de gran alcance que hacen que se empapen de absolutamente todo. Y bien saben ellos que la información es poder, sí señor. Visten muy parecido, en ocasiones por detrás no se les distingue. De capirotes es ya una tarea prácticamente imposible. Son esos dos hermanos-mejores amigos que saben que, se dé la circunstancia que se dé, se tendrán el uno al otro. Incondicionalmente. Encarnan eso que yo tanto he echado de menos y que es una bendición. Permitidme que os dé un consejo: no dejéis que nada ni nadie os separe. Nunca. Es tremendamente valioso eso que tenéis y no es incompatible con tener otros amigos o pareja. Vuestro mejor amigo siempre va a ser el otro, nunca os va a fallar. Yo por esto último soy capaz de poner la mano en el fuego, aunque no se deba.

Y hoy da la casualidad que es el cumpleaños de la gran madre que los parió, Dulce (y permítanme la expresión). Así que no veo mejor oportunidad para felicitarla, pero no solo por su cumpleaños, sino por tener los dos hijos que tiene, siameses cuando tienen la oportunidad. Porque es evidente que ella, junto a su marido, ha tenido mucho que ver en esta tremenda unión fraternal. Y en la gran educación a nivel personal y profesional que ambos tienen. Así que felicidades y enhorabuena, porque como madre, sé que tener hijos de los que estar orgullosa es el mejor regalo que se puede tener todos los días, especialmente hoy que es tu cumpleaños.

Nos vemos por las redes y Cartagena, pareja.

image_pdfimage_print

Deja un comentario