Un poema improvisado

Que una sonrisa valga más que mil palabras.

Que ante la adversidad, seamos un muro infranqueable;
Que nuestro muro sea capaz de abrirse para que entre aire fresco.

–  Cógeme la mano, que te guío;
– Dame la mano, que tengo miedo, no sé por dónde ir.

Que tu presencia me ilumine, iluminar tu presencia.

Ser tu mayor confidente, que se seas al único que confío hasta lo inconfesable.
Que tengamos nuestros secretos, sólo nuestros.

– Súbete con fuerza, que te llevo;
– No puedo más, ¿me ayudas a seguir?

Mirarte a los ojos y que no sea necesario preguntarte.
Que me mires y saber qué respuesta darte.

Un vuelo juntos, sin dirección aparente, trayectorias paralelas.
Sin heridas por ataduras o esposas innecesarias.

Que te rías porque lloro, llorar porque te ríes.
Reír porque ríes y lloras de reír.

Saber que me tienes, saber que te tengo.
Sabernos sin condiciones.

– Pásalo bien. Te espero soñándote…
– Lo hice, ¡ahora te toca a ti!
– Me lo pasé bien…
– No te mereces menos.

Que te crea sin pensar, que me creas sin más.
No dudar.

Vivir unidos por un intangible que nos hace buscarnos y disfrutar…
Y que dicen se llama amor.

Desde luego, lleva tu nombre.
Sin duda, lleva el mío.

 

23 de julio de 2019