Vida o muerte: Mar Menor

Por Ana Soto

De todos (o casi todos) es ya sabida la problemática del Mar Menor, laguna situada al sureste español que, en un tiempo, fue Mediterráneo, pero que con la sedimentación terminó convirtiéndose en una bahía casi cerrada, naciendo así La Manga del Mar Menor.

Hasta no hace mucho, los años sesenta del pasado siglo,  La Manga del Mar Menor permaneció salvaje, es decir, continuó como siglos antes, una manga de sedimentos que se habían hecho terreno pero que no tenían un interés más allá que el de los lugareños, la pesca principalmente.

Con el boom inmobiliario de la España de los años sesenta La Manga del Mar Menor fue aprovechada por su

La Manga, años 60 (De la red, gracias)

                      La Manga, años 60
                        (De la red, gracias)

situación y por la ventaja de tener «dos mares» (Mar Menor a un lado, Mar Mediterráneo al otro) para ser construida desde su principio hasta su final. Grandes construcciones y masificación que dieron a la Región un destino turístico de primera, sin duda, pero que hizo que la pequeña laguna se masificase, con lo que conlleva en vertidos y suciedad. Las embarcaciones a motor, de aquellos que pasaban (y pasan)  sus veranos en La Manga, hicieron que una laguna que había sido por muchos años una zona tranquila de pesca y, anteriormente, zona de tránsito de los pecios romanos que encontraban en la provincia de Carthagonova mercaderías de gran valor que distribuían por todo el imperio, fuese una zona importante de tránsito mercantil.

Pero no solo La Manga fue una explosión de construcciones y veraneantes venidos de todas partes; en la propia laguna del Mar Menor nacerían nuevos destinos playeros como Mar de Cristal, Playa Honda, Lo Pagán o Los Narejos (entre otros). Bien cabe decir que todo supuso y supone aún hoy a la Región una gran fuente de ingresos pero, sobre todo, un destino turístico inigualable que en poco sitios de la geografía encontramos. Eso sí, he aquí el inicio de la sobreexplotación de la zona; un aumento exponencial de usuarios de la laguna en un periodo muy corto (unos 10 o 20 años) lo que ha supuesto muchos vertidos procedentes de los alcantarillados (inexistentes estos hasta hace muy poco en algunas zonas de la laguna) de las viviendas de toda la zona. Cabe señalar que estos vertidos, aún dañinos, no han sido quizá los más perjudiciales pero, desde luego, han ayudado al deterioro de la laguna progresivamente y, a día de hoy, son parte del problema. Algo, que por cierto, se menciona poco.

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Foto: Ana Soto. Todos los derechos reservados

Este año 2016 está siendo desastroso para nuestra querida laguna. Ha llegado el verano y con él, hemos visto como el color del agua se volvía turbia, las algas crecían como si de árboles se tratasen y, lo más preocupante, la vida dentro de la laguna para las especies que habitan en ella se ha vuelto inviable. De tal modo que están llegando a nuestras orillas muertas por intoxicación  por unos vertidos provenientes al parecer del Campo de Cartagena, que  sufre asimismo una sobreexplotación de su actividad que hace que trabajar su tierra conlleve el uso de pesticidas y herbicidas de gran potencia.

El Mar Menor no solo tiene una rambla, la famosa rambla del Albujón, por la que se supone llegan los vertidos tóxicos a la laguna. Una sola rambla no abarca el Mar Menor entero. Muy probablemente, y por lógica, deben de producirse vertidos por otros lugares pues, al final, el Mar Menor está rodeado de campo y agricultura casi en su totalidad, exceptuando la zona de La Manga del Mar Menor. ¿Cuáles son las otras ramblas?

En principio, solo en principio, la respuesta es fácil. Las lluvias torrenciales hacen que las aguas arrastren por zonas que ahora están construidas y antes eran rambla todo el agua procedente del campo que, como todo en esta vida, tiende a su camino natural. Estamos acostumbrados a ver inundaciones en otoño en muchas de las playas del Mar Menor; las cosas no se inundan porque sí, el agua coge su cauce y no entiende de casas o no casas. Es por ello que de lo primero que tenemos que mentalizarnos es que tapar la rambla del Albujón no soluciona nada, es solo un parche. Y llevarse los vertidos a la zona del Cabo de Palos es cambiar pan de hogaza por un colín: al final es lo mismo, verter al mar y dañarlo.

Es por tanto que la problemática de los vertidos agrícolas es un hecho, un hecho evidente y contrastable y que, además, es la fuente principal de un problema que va a convertir al Mar Menor en una laguna no apta para la vida marina y quién sabe si para el baño o el veraneo.

Pero no podemos olvidar que hasta hace muy poco el Mar Menor estaba prácticamente deshabitado y que su sobredimensionamiento en lo inmobiliario y en los usuarios ha hecho mella en él. El Mar Menor lleva enfermo mucho tiempo, y no solo por culpa de la agricultura. Por eso quizá una concienciación en los vertidos de los alcantarillados, en la navegación a motor a través de ella y en lo perjudicial de las aguas agrícolas que se vierten nos hagan una idea más exacta y global de las causas que nos han llevado a ver al Mar Menor morir con la impotencia de no poder hacer nada.

Estado del agua del Mar Menor a día de hoy. Foto: Ana Soto. Todos los derechos reservados

                                                       Estado del agua del Mar Menor a día de hoy.
                                                        Foto: Ana Soto. Todos los derechos reservados