Seis doble

 

 

A todos los jugadores, pasados, presentes y espero que futuros del noble juego del dominó. 

Eso sí, absténganse mirones.

Reconozco que solo me encuentro en el nivel de principiante. Y seguramente ahí me quede. Pero puedo afirmar con orgullo que he tenido a los más grandes maestros y jugadores en la misma mesa. Creo que soy afortunada, porque esos grandes maestros y jugadores que han ido enseñando a generaciones y generaciones, se van yendo (lo que tiene la vida) y han dejado en mí unas nociones básicas que no solo sirven para manejarse sobre el tablero; son estrategias para sobrevivir en esto que tenemos por vida y que nos tiene en alerta siempre. Unas veces de manera más relajada que otra, pero siempre alerta. Supervivencia.

Es un arte el juego del dominó. Es una manera de entender el juego que trasciende más allá del tablero. Son estrategias perfectamente aplicables a la vida diaria. Es un juego que trascurre como la vida misma, en la que nos tapan, salimos por otro lado, ayudamos al compañero o simplemente perdemos con la mayor dignidad posible. También se gana, pero no vale ganar solo una mano: sobre el tablero hay que ganar la partida entera, toda la tanda de manos.

De niña veía a mi abuelo y a mi padre junto con más familiares jugando al dominó en las siestas de verano. Tenían un tablero que colocaban sobre la mesa pues, la ficha de dominó no se deja caer, se tira con señorío, con fuerza, con estilo. La ficha de dominó tiene solera y tiene que oírse caer, a modo picado. Tiene que sonar porque ficha sobre la mesa, pesa, y no vale cambiarla por otra. Es por ello que el tablero sufre los «picotazos» de estas fichas y por ello se coloca sobre la mesa a modo de protector. Me encantan los tableros roídos por los años y con rayones y picotazos de fichas de dominó. Tienen una historia, miles de batallas se han librado sobre ellos. Es lo que queda de tardes y tardes entre silencios de contar puntos, estrategias de salidas, de adivinanza de las fichas que tienen los contrarios, especialmente el compañero. Es la vida sobre un tablero. Cada jugada en dominó es una manera de afrontar la vida en la realidad. Observando una partida de dominó se pueden sacar grandes estrategias de vida.

La salida del contrario taparás, tengas o no tengas más. No se puede dejar al enemigo cortarnos el camino, debemos protegernos y obstaculizarle al máximo el avance. Eso sí, jamás tapen al compañero; si lo hacen, todos en la mesa sabrán que no llevan juego, que no van al mismo compás. Concéntrese en ver los pasos que se van dando, las fichas que van saliendo y memorícelas. Las fichas sobre la mesa deben servirle para saber cuáles quedan por salir, y no al revés. Anticiparse a las jugadas, leer entre líneas (fichas, en este caso), saber anticiparse a la jugada del contrincante para poder taponarla, a ser posible, siempre con miras a dejar el camino libre al compañero (en esta vida no estamos solos) y por ende,  a uno mismo también.

Los «pitos», «blancores», «la tabla del pan»… Las fichas tienen nombre propio y juegan por nosotros, dirigidas por nosotros sobre el tablero. Tenga cuidado al cerrar cuando han salido todas las fichas de un palo porque ha de tener la menor puntuación posible: sopéselo y calcúlelo con antelación; sin embargo, si acaba la partida, será la pareja de mayor puntuación la que gane. Como la vida misma, pues no siempre  se debe tener más de la cuenta. Sin embargo, otras veces, más vale que tengamos el máximo pues si no estamos perdidos.

Cierta nostalgia, tal vez tristeza, me invade. Y es que muy poca gente de mi generación sabe jugar al dominó. Me gustaría retrotraerme en el tiempo y jugar muchas más partidas con mi abuelo. Claro está que no es posible, así que «estrujaré» a mi padre al máximo para que deje en mí todos sus conocimientos e intentaré, en la medida en la que pueda, continuar divulgando el noble arte de jugar al dominó. A ver si capto a cuantos más mejor. No se puede perder este noble juego, no podemos arriesgarnos a que un día ya no se oigan los pocos tableros que quedan ser golpeados con arrojo y seguridad por las fichas. El dominó es muy necesario, agiliza la mente, el cálculo. Pero sobre todo, lucha contra el individualismo que impera cada vez en la actualidad, hace que se creen vínculos que van más allá de la mesa de juego, crea contacto visual y oral entre individuos, nos educa en la sociabilidad y el compañerismo, nos enseña a perder y a ganar…. Nos curte y nos enseña a luchar, teniendo por bandera que hasta la última ficha, todo es juego.

¿Saben qué ficha es la que abre el juego en una partida de dominó? Pues como en la vida, de manera muy azarosa, el seis doble. Aquel a quien le haya tocado, tiene el privilegio de dar el primer paso.

El noble y muy estratégico arte de jugar al dominó. Aprender a vivir la vida con cabeza. De seis doble.

 

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