Ponga más gasolina, por favor

 

Ante la evidencia de que el diésel contamina más que la gasolina

Foto: La Vanguardia

 

Ponga más gasolina, por favor

¿Diésel o gasolina? ¿Contaminación o ahorro?

 

Las ventas de coches con motor gasolina están sufriendo un importante incremento frente a los de motor diésel de manera que la tendencia a día de hoy es que su venta se está igualando, independientemente del consumo de uno u otro. Algunos expertos vaticinan la desaparición de los coches con motor diésel, debido a que éstos contaminan bastante más. Es por ello que el comportamiento a la hora de comprar un coche se ha visto modificando, primando en el individuo criterios medioambientales frente a económicos en muchos casos.

___________________________________________________________            ANA SOTO                                  21/05/2017 ___________________________________________________________

■ A pesar de que el consumo medio de un coche de motor diésel (cada 100 kilómetros) es alrededor de un 30% menos que el de uno de gasolina, las organizaciones ecologistas como la DUH (Deutsche Umwelthilfe) advierten de que los coches diésel contaminan más que los de gasolina, expulsando de media veinte veces más partículas contaminantes a la atmósfera que aquel que es propulsado por gasolina. Si escogemos como ejemplo un coche de gama media, de 120 CV de potencia, obtenemos que el consumo de un motor diésel es de alrededor de 6 litros y emite a la atmósfera unos 134 gramos por kilómetro recorrido; sin embargo, un motor gasolina obtiene un consumo de entre 7 y 8 litros, emitiendo a la atmósfera unos 93,8 gramos por kilómetro recorrido. Aun así, los precios son los que mandan, y lo que resulta un hecho es que llenar un depósito de gasolina es, a día de hoy, más que caro que llenar uno diésel.

El diésel, lo que en principio fue un combustible destinado en exclusiva a uso industrial (y por ello gravado con bastantes menos impuestos por los gobiernos) fue poco a poco introduciéndose en el mundo de la automoción y, a nivel microeconómico, en turismos y utilitarios en general. Los primeros coches que salieron a la venta en España en los años 20 del siglo pasado eran exclusivamente de gasolina pues el diésel era un subproducto obtenido del refinado de la gasolina compuesto básicamente por aceite y, hasta entonces, inservible.

Primer coche diésel en serie Foto:mundoaftermarket.com

Tras la optimización de la bomba de inyección del diésel en Alemania de la mano de Robert Bosch el motor diésel-gasoil pasa a ser eficiente para ser utilizado en el sector de la automoción, por lo que en 1936 y ya en la Alemania nazi, la casa Mercedes-Benz presenta la primera gama de vehículos producidos en serie para ser comercializados. Mientras, en España el sector del transporte tanto de pasajeros como de mercancías (taxistas y camioneros, principalmente), advertidos de que el uso del diésel resultaba más barato, cambian sus motores gasolina por otros diésel adquiridos en un mercado un tanto opaco. A pesar de que el repostaje del diésel en España no existía, las cooperativas y asociaciones de estos gremios se encargaron de facilitar este ansiado combustible, de manera que pudiesen verse abastecidos. Así, a largo plazo el ahorro que obtenían era bastante considerable, llegando a amortizar lo que les había supuesto adaptar sus vehículos al nuevo motor diésel.

Por qué un coche con motor diésel contamina más que uno de gasolina lo encontramos, principalmente, en las partículas en suspensión que emite a la atmósfera, cargadas éstas de elevadas dosis de óxidos de nitrógeno (NOx), además de bencenos, toluenos, benzopirenos y otros hidrocarburos policíclicos aromáticos que la gasolina no contiene y que por su naturaleza, son gases que inciden de manera directa en el llamado “efecto invernadero”. Si bien es cierto que no debemos perder de vista el Downsizing, la nueva práctica llevada a cabo por fabricantes y que pone en jaque la normativa entorno a la emisión de gases existente en Europa (Euro 6, de 1 de septiembre de 2014). La diferencia de los motores diésel/gasolina con estos nuevos se encuentra en la cilindrada, que siendo menor, genera potencias similares. Sin embargo, la entrada en vigor el 1 de enero de este 2017 de la norma Euro 6c ha puesto límites necesarios a esta práctica.

Los fabricantes, además, no han sabido (o no han querido) implementar un sistema que reduzca la emisión de las partículas tan contaminantes que el diésel genera. Cabe aquí recordar el conocido como Diesel Gate, destapado en 2015, en el que varios fabricantes se vieron involucrados en el trucaje a través de microchips implantados en sus motores diésel con el fin de falsear los datos relativos a sus emisiones. Todo esto junto a campañas generadas por la prensa y otros colectivos han llevado a los conductores y ciudadanos a una mayor concienciación entorno a la contaminación que genera un motor frente al otro, aparte de que cada vez más la sociedad sabe de la necesidad de reducir el uso del vehículo particular si esto es posible.

Entorno a los precios: un vehículo diésel o gasolina

A la hora de adquirir un coche nuevo, uno con motor diésel es más caro que uno de gasolina, debido a que el conductor se encuentra ante un turismo que la va proporcionar un rendimiento energético mayor, amén de un combustible más barato a la hora de repostar. Ese encarecimiento se debe a que el diésel, por su composición aceitosa, tiene mayor poder calorífico, lo que conlleva que el motor se caliente más. Es por ello que a la hora de fabricar un coche diésel se necesitan materiales más resistentes a dicho calor, lo que, en definitiva, encarece su precio final. Sin embargo, ese mayor coste se ve amortizado por el rendimiento energético que nos aporta el coche diésel y el coste más barato de su carburante, que si bien ha visto incrementado su gravamen en impuestos, sigue sin igualar a los que contiene la gasolina.

Algunos expertos advierten de que aquí a no mucho se pueda llegar a exigir por parte de los gobiernos y a través de un marco legal la retirada de los coches diésel, haciendo así que paulatinamente desaparezcan de nuestras carreteras y obligando al ciudadano a la compra de un nuevo vehículo y de gasolina. No obstante, los intereses económicos entorno al diésel (que son muchos y elevados) dejan abierta y un tanto en evidencia esta advertencia.

Las ventas se igualan

A 31 de diciembre de 2016 y según fuentes de Anfac, Faconauto y Ganvan, se habían vendido en España un total de 1.156.654 coches, de los cuales un 40,2% fueron gasolina, un 56,8% diésel y tan sólo un 3% híbridos y eléctricos. Estas cifras revelan que la tendencia a la hora de comprar un automóvil está cambiando, ya que reflejan que las ventas de coches diésel y gasolina se van igualando, por lo que el componente técnico ya no es tan importante a la hora de decidir y sí el factor social manifestado en una preocupación mayor por el medio ambiente y la contaminación. El resultado es que ha variado el comportamiento del potencial comprador: tiende a mirar más por la madre naturaleza antes que por el componente técnico del vehículo, una tendencia que se prevé vaya al alza durante los próximos años.■




Solsticio de Verano (II)

 

 

 

El amor nos unió en un principio de verano…
Conjuro de emociones,
magia de sensaciones,
hogueras de pasión.

El mar fusiona nuestros espíritus
en busca de una bendición divina
mientras
mojando nuestros pies
bautiza la inmensidad del cambio que este solsticio de verano
nos llevará a lugares imposibles.

El verano es a nuestro amor
lo que la Luna a la Tierra:
su satélite con órbita propia que garantiza que nunca,
más lejos, más cerca,
según el solsticio o el equinocio que juntos vivamos
estemos unidos.

Calidez veraniega que resplandece su risa,
que ilumina su cara,
que alimenta sus sueños,
que nutre su fuerza.

Vamos, juntos, a cruzar el océano de la inmortalidad
que,
ahora con sus cálidas aguas
nos permite disfrutar más tiempo juntos.

Pues la luz es mayor
y apenas sin necesidad de ropajes
podemos conquistar aquellos lugares imposibles
que,
el cambio de este solsticio de verano
con sus pasiones, conjuros y hogueras de magia
fusionó nuestros espíritus,

Pues el amor nos unió
en un principio de verano.

 




Solsticio de Verano (I)

 

A mi pequeña Inés...

Azul y amarillo, colores de mi infancia.
Estíos vacíos del frío viento del invierno…

Pero sopla, igualmente sopla, en chorros de brisa salina…
Que cura heridas pasadas,
que cura heridas presentes,
que alienta mi alma y mi ser…
Pudiendo seguir adelante sin parar, sin barreras
¡Fuerza bendita!

Ahora es su infancia.
Los azules e intensos amarillos esbozan su silueta en la profundidad de mi corazón.
Ella adora estos estíos vacíos de viento invernal,
adora la sal sobre su piel,
en el aire,
esa sal que sana al secar mis lágrimas
ante la impotencia de no poderla retener.

Pero ahora es su infancia.
Sigue, dura, permanece…
Aún no se ha ido.

Y esos colores profundos a la vez que triviales
conforman la fotografía que,
en su alma,
en la mía,
siempre quedará expuesta.




«A porrón»

 

A mi padrino y tío, Paco.

El viernes por la mañana me disponía a comenzar a pintar un cuadro. Hace mucho tiempo que no pinto, mucho. En el sentido más amplio de la palabra. Además, ni tan siquiera lo hago bien, lo hago por expresarme quizá, por intentar aprender… Tengo varios pintados, los tiene casi todos mi padre; ¿acaso él me va a decir lo feos que son y que deje de pintar? Evidentemente ambos hemos consensuado que no es mi fuerte; no obstante, bien me conoce y sabe que la pintura me hace escapar. Al igual que la escritura.

Con la música puesta y ante un lienzo en blanco, me puse a pensar qué pintar. No se me ocurría absolutamente nada. Y miren que siempre he sido de pintar aunque fuesen formas geométricas, algo siempre salía. Pues no. totalmente bloqueada. Pero como hace ya unos meses, para qué lo voy a negar. Si son ustedes algo seguidores de mis reflexiones (gracias por gastar su tiempo en mis humildes letras) lo habrán percibido. Si no, pues ya les informo yo. Así pues, al igual que ante el lienzo, igual que ante ciertas situaciones que se me han dado en el día a día: hay algo que no me deja seguir.

En ese momento de bloqueo me vino a la cabeza un cuadro. Pero no un cuadro famoso o de alto valor. Se trata de un cuadro que tengo en mi trastero guardado como oro en paño, que en su día guardé porque me transmitía cosas indescriptibles y que ahora ha cobrado un valor emocional inmenso y de gran potencia. Ahora, por fin,  (sí, por fin) me ha hecho «estallar»: una casa de pescador en una pequeña playa con dos barcos varados, de manera paralela, en la arena. Y con nombre ambos, el de dos hermanos: uno de ellos, el de su mujer. El otro, el del «cuñao», mi padre, su hermano pequeño. Esa fue su relación siempre. Y lo pintó, habrán podido entrever ustedes que mi único tío, mi padrino, Paco, un segundo padre para mí amén de una persona tremendamente especial. Pues la familia no se elige. Afortunada me siento de que un día lo eligieran a él para formar parte de la mía.

Que yo sepa, mi padrino no había recibido clases de pintura. Lo que se cuenta es que un día, como a mí el viernes me dio el puntazo, se compró todo lo necesario para ponerse a pintar, escogió una lámina en la que inspirarse y, como si de una de sus maquetas se tratase (era muy mañoso), paso a paso lo pintó. Pues menos mal que no sabía, pues si lo llega a hacer, deja a muchos en mantilla. ¿Veis? Si es que no puedo no sentirme identificado con él: alguien capaz de ponerse ante un lienzo sin saber y, lo más importante, sin temblarle el pulso. Alguien que encontraba su refugio en los libros. Quien, a veces, no entendía cosas de este mundo y sufría sin ser entendido; alguien que estoy segura se sintió en muchas ocasiones y de manera callada, distinto. Es que lo era, ¡qué narices! Eso es lo que le hizo para mí que siempre tuviese un punto que me unía a él… Alguien a quien siempre admiraré por su lucha, su fuerza, por haberse hecho a sí mismo. Desde la humildad y como las hormigas, día a día. Eso sí: lo primero, los suyos. Hasta el último día de sus días siempre pensó en nosotros antes que en él. Cómo te echo de menos, coñe, todos los días me acuerdo de ti, todavía no cabe en mí la creencia de que te hayas ido para siempre. La muerte no es el final, eso es cierto, pero, mientras, ¿qué? En estos momentos (lo reconozco a manos abiertas) echo de menos ese Dios justo que te debería haber dejado entre nosotros unos bastantes años más. Estoy  indignada. Que no me conformo.

Podría pasarme horas delante de la pantalla contando batallas y anécdotas de su vida; habilidades que tenía (a porrón), recuerdos a su lado. No me apetece. Además, creo que si él  pudiera leer esto valoraría que en vez de contarlas expresase mi no conformidad ante su ausencia, que mostrase mi indignación y no tuviera pelos en la lengua. Como una vez me dijo tras leer uno de mis escritos: «qué valor que tienes, Anica, qué cojones. Ser capaz de escribir y contar, sin cortarte. No pares nunca». Tras eso, se fundió conmigo en un abrazo, todavía lo siento. Pues sí, a «echarle cojones» a esto, incluso en lo que se supone que tenía que ser un bonito obituario para ti. De momento, me quedo con mis recuerdos, que míos son. Es posible que algún día salgan, no lo sé. Lo que tengo clarísimo es que no me voy  a obligar a ello. Igual que me va a costar sobremanera acostumbrarme a tu ausencia. A carecer ahora de tu risa, tu ironía, tu picardía. A esa alegría que siempre me transmitiste. A esa adoración que siempre sentí que sentías por tu familia, a tu bondad, tremenda bondad. A tu afán luchador y espíritu de sacrificio.

Un Jueves Santo te marchaste. Dicen que los que nacen ese día lo hacen con «Gracia». Yo creo que los que mueren ese día es que la han tenido. Como el mismísimo Jesucristo. No se me indignen algunos por la comparación. Pero cada vez menos creo en las casualidades. Y su marcha, tu marcha, padrino, en un día tan señalado, tampoco creo que lo sea. Qué vanidad la mía, ¿verdad? Pues vale.

A ver si me mandas desde el «más allá» algo de inspiración para mi cuadro, porque desde luego en blanco se va a quedar o me saldrá un churro en toda regla listo para tirarlo a la basura… ¡Vamos!