A ti

Solo la perspectiva, que decía Cela en su obra La Colmena «es lo único importante» es el arma más valiosa a la hora de valorar las cosas sin realizar acciones precipitadas. Y la perspectiva requiere de la variable tiempo, algo que no nos sobra hoy en día pero que en circunstancias de crisis emocional o problemas en general queremos que pase y rápido, siendo cuando quizá más disponemos de él para tomar esa perspectiva. Confieso que mi remedio para tomar perspectiva es irme al Faro de Navidad en Cartagena, subirme en las rocas y observar la inmensidad del mar. Pequeños barcos, tímidas luces en un horizonte muy lejano, eso es lo que somos. Una luz en una gran inmensidad. Algo así como de lo que les hablaba en artículos pasados, una pequeña partícula dentro de un universo infinito.

Dichosos los que nunca pierden la perspectiva o la recuperan pronto. Una gran virtud. Los hay que tenemos que trabajarlo más día a día pero que lo intentamos, unas veces con más éxito que otras. Lo que sí tengo claro que con los años y las vivencias esta perspectiva me resulta más cercana pues no se marcha tan fácilmente de mi lado o la recupero con facilidad. No la dejo escapar con facilidad. Espero no tener que ser anciana para poder haber adquirido la constancia de la perspectiva.

Es por ello que, gracias a esta perspectiva y a que son las personas y sus sentimientos los que deciden e importan he de decirte, a ti, que no me arrepiento ni un ápice de los kilómetros que hice, del tiempo que te dediqué al igual  del que pude dedicar a los miembros de esa familia tan unida que tienes que te quiere y te cuida. Eso es una bendición, no permitas que nada ni nadie te separe de ellos. A ellos les presento también mis más sinceras disculpas. El aceptarlas o no ya es cosa de cada uno, desde luego las presento con mi corazón en la mano. Gracias a Dios soy humana y me equivoco. Pero también gracias a Dios sé reconocer (creo) mis errores, pedir perdón y lo más importante: remendarlos para que no se vuelvan a repetir. Les deseo toda felicidad y prosperidad.

De nada vale el despecho, de nada vale vomitar cosas que no se sienten por el simple hecho de estar sufriendo, eso no es constructivo. Jamás he sido vengativa; supongo que el que me hayas tocado el corazón de manera tan especial y honda es lo que me hizo comportarme como nunca antes. Y creo que hay, por tanto, que ser justos, y de la misma manera que escribí aquí una barbaridad tras otra en el mismo sitio reconozco que lo hice mal y que lo siento.

Porque esos kilómetros, este tiempo, esas risas, esas vivencias solo me han hecho que crecer como persona. Y darme cuenta, gracias a la perspectiva, que tengo un amigo que sé que jamás me fallará, que su amistad va a ser un fuerte apoyo para mí y que espero, eso sí que lo espero, que sea una amistad con título vitalicio, es decir, para toda la vida.

Pues la amistad es la relación más primaria entre personas sin parentesco que sostiene y mueve el mundo y en mi caso, tu amistad mueve mis ganas de reestructurar muchas de mis conductas, muchas de mis visiones de la vida pero sobre todo, ganas de ser feliz. Eso sí, te pido sea mutuo, tengo que verte feliz y creciendo a ti también, si no, como buena amiga iré yo misma a pegarte el empujón para que cruces exitoso la línea de meta. Gracias por tu amistad. Y perdón por haber perdido totalmente la perspectiva. Más sonrisas y menos rencor. A vivir.

 

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