De lo nuevo sale lo viejo y, de lo viejo, lo nuevo

Tocar fondo significa llegar al límite.

Ese límite conlleva quitarse antifaces, gafas, legañas o lágrimas y ver qué tenemos ante nosotros.

Y al echar la vista atrás ves la senda que no debes volver a pisar, decía Machado con criterio.

Añadiría que dejar la pesada mochila, descalzarse y descansar, también se debe.

Lo viejo lo dejamos atrás; analizarlo sirve para ver el sendero que no debimos coger o que simplemente cogimos mal, recorrimos con una actitud inadecuada o demasiado lentos o rápidos.

Porque el camino importa.

Lo nuevo es aquello que queremos que sea, desde este momento, nuestro andar. Lo nuevo es elegir el sendero, limpiarse el calzado y, a ser posible, no llevar mochila. Si acaso en el camino aparecen cosas con las que cargar, ya nos haremos con una. Pero, de momento, no adelantar acontecimientos.

Sin carga, con descanso y fortaleza y sensación de renovación. Quédate con aquello que siempre te ha servido y no te falla y deshecha malas costumbres adquiridas en un tiempo que, gracias a Dios, no va a volver. No, no va a volver. Puede posiblemente repetirse, de manera parecida pero, ese, no volverá.

Saca lo viejo, construye lo nuevo. Coge lo nuevo y fortalécelo con lo viejo servible. Viejo y nuevo no son adversarios sino complementarios. Eso sí, si no se distorsiona el significado de ninguno de los dos.

Porque de lo nuevo, sale lo viejo. Y de lo viejo, lo nuevo.

Ya lo dijo una pequeña sabia una vez.

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