Esquilmer de corazones

Hará casi un año, una noche de sábado, de tapas por Madrid, llegó tarde y corriendo una chica rubia,  sonriente y dulce. Venía de hacer una excursión tipo IMSERSO del Valle del Jarche (jaja). Se sentó frente a mí, pero no de manera directa.

Desde luego, lo que vendría después es fruto de la vida y su hacer, unas veces malo y otros, bueno. En este caso, un halo de luz en mi vida y en mi corazón y un grandísimo golpe de suerte.

Esa noche acabamos en la famosa Fontana, detrás de la Puerta del sol, de cerveceo tranquilo, buena música y risas. Ese día conocimos (o yo conocí) a «pelocho», ese pincha discos con el gran noble arte de bajarte la adrenalina en cuestión de segundos, con una sonrisa en su cara y «buen rollito». Un person, que decimos en la profesión.

Alguna foto, intercambio de teléfonos y, aunque el Real Madrid no ganase al Barsa esa noche, terminé en Cibeles, cogiendo mi N9 nocturno de vuelta a casa.

Pasó tiempo hasta volver a verla. Pero como si hubiese pasado un día, oigan. Risueña, alegre, incapaz de hacer sentir a una ni una pizca de malestar. Imposible. Nos reencontramos.

Ya la noche de autos me había contado que andaba opositando, no me enteré bien de qué, ella no le dio mucha bola al tema, estaba feliz y risueña disfrutando el momento, como siempre hace.

El verano nos hizo conocernos mejor. Celebré por primera vez mi cumpleaños en la capital y con un nuevo grupo de amigos que al final se hizo. Ojo, se hizo. No hicimos a propósito. Y lo celebré nada más y nada menos en la luego muy regentada y ya nuestra Cava Baja, en una tapería justo enfrente de Casa Lucio, el de los huevos fritos. ¡Nada que descubrir enfrente!

Luego paseo y terracita en La Latina, en un lugar que bien parecía un patio andaluz con sus geranios y macetas. Y un té de frutas del bosque servido en un antiguo bote de miel con mucho hielo, bien fresquito, una noche no poco calurosa. Y de repente, empezó a llover, hizo presencia esa lluvia que tanto anhelo y me gusta y, al ritmo del «…picky, picky, picky, demasiadooo…picky,picky,picky…» cantamos y bailamos todos bajo la lluvia.

Terminamos la noche, como no, en nuestra ya habitual Fontana de Oro, en Sol. Sí estaba pelocho, pero ese día, ¡parece que sembrao!

En septiembre mi estancia en Madrid pendía de varios hilos. Pero lo tuve claro, tenía que terminar lo que empecé y junto a mi nueva gente. Y así, Maite, esa rubia esquilmer(*) de mesas y sillas por, circunstancias variadas (esta vez en mi caso desafortunadas) hizo que la relación se estrechase.

Esquilmar, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su acepción primera  significa «coger el fruto de las haciendas, heredades y ganados». Y Maite, esquilmando sillas y mesas para poder cenar sentados; esquilmando repizcos de tarta, de risas y de trozos de corazón es la mejor. No sé si «esquilmer» como tal existe; si no, ya tenemos a la primera. Señores académicos, pónganse a trabajar.

De repente, de mano de ese halo de luz risueña que es Maite, vi cumplido uno de mis sueños mas impensables: vivir en el puro centro de Madrid, detrás de Gran Vía. Como yo digo, «en el centro del centro del centro» de todo: Madrid. Me acogió sin pensarlo, me salvó el culo, hablando en plata. Eso, Maitechu, te lo agradeceré siempre. Y no solo yo.

Y vino lo mejor de mi estancia en Madrid: el piso de estudiantes que, sin quererlo, la esquilmer rubia montó. Salidas, jamming, conversaciones hasta las tantas, risas y mucho cariño, compañía y consuelo.

«Todo es fabuloso….» cantábamos mientras las tostadas terminaban o hacíamos el café. Veíamos  Velvet a lagrimones; Un Monstruo Viene a Verme con cara (ambas) de «whaaat??»

Durante la semana, por mi parte, reporterismo y estudio. Por su parte, estudio durísimo y constancia, con momentos de bajón que los disfraces de nuestro soldadíto español Rubén o los ‘círculos’ no resistían y la levantaban. A ella, a Maite. Que por poco aprueba las oposiciones que no eran las que estaba preparando sino a las que  «se presentó por probar», la jodía.

Pero hoy sí, Maite, hoy ha sido tu día. Y hoy has recibido lo que merecías de largo, palabra de amiga y esquilmer aprendiz y en funciones. Has sacado la plaza que fuiste a buscar a Madrid, además, japuti, no te vale con sacar una, sino que tienes que quedarte la primera y sacar la primera plaza, ¡esquilma una…! No me extraña. Tu halo de luz deslumbra hasta a los señores y señoras, miembros y miembras del tribunal. A tu su sonrisa y saber no se aguanta nadie. Tienes lo que te has ganado, y tu triunfo es hoy, amiga mía, mi triunfo.

Así que espero que estés con la música a toda caña y ese gorro navideño con el que parecías un semáforo y llevabas dos minutos antes y después de las campanadas de fin de año. Pues nos tomamos las uvas,  prácticamente, haciendo videollamada por Whatsapp.

Te echo de menos todos los días. Todos. En Madrid me dejé una vida nueva en la que el eje fundamental eras tú y la pandilla, los esquilmers.
La última vez que estuve  lloramos como magdalenas viendo Los Puentes de Madison (la pusimos a propósito para llorar y lo sabes), tapadas con la mantica, en ese que no fue mi piso sino mi hogar. Qué raticos.

Maite, enhorabuena. Me has enseñado que quien la sigue la consigue y que, si no te gusta tu vida, cámbiala. Pero sin ser pelma con los que te rodean y quejica, sino a base de sonrisas y alegría de vivir. Gracias, amiga mía, gracias.

Ya sabes que te toca elegir destino. Sabes lo preciosísimo y trimilenario que es nuestro Puerto de Cartagena. Juerga asegurada y unas gentes que bien se parecen a las de tu tierra de procedencia, comparten carácter. Palabrita de cartagenera a media jornada.

Vayas donde vayas seguirás esquilmando corazones, miradas y lo que te propongas.

Y yo, mientras, veré como lo haces sonriendo junto a ti al ritmo de la Lego Peli, pues todo es fabuloso.

Desde que estás en mi vida, hace casi hace un año, todo es fabuloso y  «picky chulo, ¡eh!». Porque sólo tu sabes cómo hacerlo.

Suerte amiga. Suerte rubia. A esquilmar ganas de vivir.

 

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