No eres pequeño, gran Ulises

¡Nada soy y nada valgo!
exclama Ulises sin cesar,
sin saber que no es cierto,
pues la cabeza al suelo erguida
durante años
es lo único que ciega y razonadamente
te convence
de toda ausencia de verdad.

Un día la vida te trató mal,
una vez la oscuridad fraguó tu consciencia y discernimiento
a inertes.

Pero, Ulises, no puede hacerse pequeño sino el que grande es,
pues más grande es la locura,
y tener conciencia de la grandeza, utopía.

Ulises piensa como nadie.
Ama como nadie.
Escribe como nadie.
Abraza como nadie,
Razona como nadie.
Valiente y perspicaz,
Ulises es el valiente entre los valientes,
el superviviente de toda una odisea.

Ítaca ya se ve.
Si estás llegando a ella,
pequeño no puedes ser.
Solo los grandes, de espíritu y fuerza,
vuelven tras el tiempo intactos ante la tempestad.

El camino es duro y largo, Ulises,
no lo es tu capacidad de llegar.
No confundas camino con caminante,
has hecho ya camino al andar.

Solo te queda llegar.
Y con tu llegada, la gloria.

Cuando arribes, no olvides mirar a tu alrededor.
Tu amada, aquella que te ha esperado,
con su amor y su fe en ti como armas,
estará discretamente esperando.
Su mano tendida,
sonrisa e ilusión.

Vuelve su valiente amado,
que por ella todo lo ha dado,
y que ella ha esperado con inmenso amor.

No olvides, Ulises,
lo que el resto siente por ti,
frente a aquello que tu sientes por ti mismo.
Nada es verdad o mentira,
pero posees su valioso amor, su fe.
Y eso vale mas que cualquier autoescrutinio exacerbado.

Porque, Ulises de Laney, eres con quien quiero compartir lo que eres y lo que soy.
Y no tengo miedo.

Ulises, el grande. Crece sin temor.

cabec3a7a-pensante

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