Mamá quiero ser «pilota»

Es lo que le diría más de una vez Natalia a su madre (o su padre) de pequeña. Mi hija dice ahora que quiere ser bombera, doy por hecho que es fruto  de la edad y la fantasía, ¿y si no lo fuera? Pues hija mía, ve sacándote el título que pediré todos los préstamos que haga falta al banco para comprarte el camión.

Vaya mundo este en el que todavía, en el año 2015, pleno siglo XXI, hay profesiones de mujeres y hombres. Es cierto que se han roto muchas barreras, pero no tanto en las mentales, que son las más difíciles de romper. Ayer tuve la ocasión de ver una película sobre Clara Campoamor, una de las primeras diputadas en el Congreso. ¿Qué sabemos de ella hoy? Pregunten. Lo más posible que le digan que es el teatro donde se entregan los premios Príncipe (ahora Princesa, vamos avanzando) de Asturias y lleva su nombre (Oviedo). A lo mejor algún que otro despistado/a le dirá que poetisa o escritora pero la realidad es que fue la que consiguió que en la Constitución de 1931 se incluyese el sufragio femenino y posteriormente, éste se aprobase en el Congreso de los Diputados. Vamos, que consiguió que la mujer pudiese por primera vez en nuestro país votar al igual que un hombre. Y sentó el precedente, que hizo que en el año 1977 en plena Transición y las primeras elecciones generales tras la muerte de Franco nadie se plantease que las mujeres no votaban. A día de hoy su figura no se estudia en colegios o institutos. Ya les digo, la que da nombre a un teatro en Oviedo. Así nos luce el pelo a todos y todas, porque nosotras somos las primeras doctas en la ingnorancia de tales hechos.

Natalia Ibañez, así se llama la protagonista de mi historia. Esas historias que saben que me gusta acercarles. Porque llevan moraleja, porque llevan fuerza, porque me da la gana, también. Desde pequeñita, no sabe el porqué, le han gustado mucho los coches. Ya de adolescente, toda ocasión que podía, se desplazaba al karting a conducir con los amigos. Pero quería más, no era suficiente. Aparte de ir aprendiendo como podía a través de programas de televisión o revistas, la economía familiar junto con el hecho de proceder de un pueblo de la sierra de Madrid no impidió que tomase una determinación certera: que quería ser piloto de carreras.

Con diecisiete años dio otro paso: ir con los amigos a ver tramos de rallyes madrileños: Madrileño de Sally y Salimar. La determinación se convirtió entonces en una pasión corriendo por las venas. Pero no era posible.

Al adquirir la mayoría de edad se sacó el carnet y sus padres, con todo lo que pudieron, le compraron un coche. El sueño seguía ahí y, ¿cómo lo vivía Natalia? Subiendo y bajando por la sierra con su Golf GTI Caja 3. Se cronometraba, aprendió a trazar curvas, a actuar frente alguna incidencia por lo que, con más adrenalina y pasión aún por sus venas decidió que el sueño quizá podría hacerse realidad.

Sin dinero y sin nadie que le diera una oportunidad. Cumpliendo años, el tiempo jugaba en su contra. Pero aún así tenía que llegarle su día, su prueba, pues quien «la sigue la consigue». Y así fue.

Una mañana le pasaron un enlace dentro de la red social Facebook en el que un equipo buscaba una piloto para el CER (Campeonato de España de Resistencia). Las pruebas se realizaban en el Circuíto del Jarama.¿Qué hizo Natalia? Apuntarse, sin dudar. La prueba no tardó mucho en llegar y ese mismo día logró su sueño, su meta, su ilusión: ser oficialmente piloto de carreras.

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Natalia, antes de entrar en pista.

Comenzaron las carreras y en las dos que pudo disputar como piloto logró sendos podios. Pero los cuentos de hadas no existen, eso lo sabemos todos, Natalia también. Por problemas económicos (falta de patrocinio y palmarés) el equipo se disolvió. Los que sois conocedores del mundo del motor sabéis de los grandes costes a los que se enfrentan los equipos, desde neumáticos a la inscripción en un rallye. Muchos.

¿Qué ha hecho Natalia? Quedarse sin correr el CER de este año, sí, pero también idear la manera de poder correr el CER 2016. De momento tiene el nombre, Kamikaze Motorsport, al que se han unido algunos apoyos que han aportado lo que han podido, pero no es suficiente. Natalia necesita adaptar su coche, para empezar. Correr un rallye sin coche de carreras es como circular por la M-30 en mula. Y antes de eso, un equipo con el que iniciar el proyecto.  Todo ello es imposible sin dinero. Siempre el dinero. Pero se suma, a mi modo de ver, algo más, y es el hecho de que no estamos acostumbrados a las piloto femeninas porque desde bien pequeños asignamos los coches a los niños. Y la fama al volante que tenemos, tampoco ayuda: «¡mujer tenías que ser!», a lo que yo siempre contesto:»y tú imbécil, y te dejan circular por la vida en general».
Los sueños no son de hombres o mujeres. Las profesiones, tampoco. Ni las ganas. Ni los objetos, por ello no lo es un coche. Ni la oportunidad de pilotarlo compitiendo, da igual lo que se tenga entre las piernas. Pues como todo en esta vida, funciona o no según la aptitud que se dé la persona en el campo en cuestión. Yo quiero, en un futuro, no muy lejano, que una mujer le arrebate la carrera en el último momento a Hamilton o Alonso. Pero porque es la mejor, no mujer. Pero para ello, o dotamos de medios a aquellas que quieren cuanto menos intentarlo o seguiremos como hasta ahora, principalmente en los deportes: la gimnasia rítmica para ellas, el fútbol o el automovilismo para ellos. Vamos a ayudar a Natalia, aunque sea con cuatro tornillos, ya con eso empezamos. Qué mayor orgullo que la primer mujer que le pase por delante a Hamilton sea una española, Natalia Ibáñez, a ser posible.

 

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