Infinito a secas, no

La prosa de la vida es bastante más difícil que aquella que, escritores como yo, inventamos o retocamos para que no sea del todo real, para que tenga matices de sueño, de magia, de tragedia e incluso de divinidad. Con un simple teclado se pueden escribir cantidad de prosas, millones, infinitas; pero la prosa de la vida es inimitable y ningún autor, ninguno, podrá jamás ni plasmarla tal cual ni acercarse a ella hasta tocarla, como dos líneas en el espacio que parece que están destinadas a cruzarse pero que no lo harán. ¿Por qué? Porque hay un límite entre ellas. Lo mismo pasa con la prosa creada que la real. Y es que la vida son matemáticas, y nuestras vidas funciones que suben y bajan, con una trayectoria. Unas funciones se cruzarán con otras; unas se cruzarán una vez y otra, otras irán superpuestas, otras se cruzarán una sola vez y a partir de ahí existirá entre ellas un límite +/- infinito.  Esos límites son en realidad los límites de la vida, de nuestra trayectoria para con otros seres con otra trayectoria que se refleja en forma de función. Por ejemplo, las líneas que se crucen no tendrán límite entre ellas en un momento concreto. «Infinito es el amor que yo siento hacia ti», que diría mi tía, profesora de matemáticas, cuando al pedir el resultado de un límite a uno de sus alumnos, le contestan infinito. No querido/a, o más infinito o menos infinito, infinito a secas, nunca. Pues así son las relaciones humanas, nuestras trayectorias, o se acercan o se alejan, el paralelismo es ciertamente muy difícil. Pero con el gran valor añadido de que el «mañana», o  el «dentro de unas horas», es decir, la variable tiempo hacia delante la podemos prever, pero nada más. Existe porque intentamos calcularla, imaginarla; lo necesitamos para vivir con tranquilidad. Pero, no se engañen, no existe. La variable tiempo existe en nuestros cálculos y en nuestra mente. Es relativa, ya lo decía Einstein. Hasta que no se produzca ese momento «t», no existe, y por tanto, lo que pasará, lo que nos ocurrirá, está fuera de nuestras manos y nuestro cálculo. Juguemos con la probabilidad pero, dentro de eso, la certeza, las ecuaciones matemáticas exactas con resultado exacto, no existen. Es, la magia de vivir a veces, la putada de la vida, otras.

Cómo definir, cómo expresar lo que se siente cuando pasado un tiempo, pongamos t+10, el límite con otra persona se reduce, tiende al menos infinito. Fabuloso. El que las personas puedan reencontrarse, tras tiempo, es fabuloso. Primero, porque ayuda a tomar perspectiva, la que digo que decía Cela «es lo único importante», y además, lo que le hace ver a una que cualquier tiempo pasado no es que fuera ni mejor ni peor, sino que fue. Desde luego comprobar, testear, una evolución en la persona es sumamente grato. Más aún ver que una misma también lo ha conseguido, y aún así, la persona a la que tienes delante no es una desconocida pues su manera de hablar, su risa, su mirada y su talento siguen intactos y te retrotraen a los buenos momentos. Fuera los malos, para qué retenerlos, hacemos limpieza de ellos en mente y corazón. Y entonces descubres que lo que pasó tenía que pasar, te hizo más persona, que la otra persona te aportó más de lo que pensabas y ahora te das cuenta y te reporta bienestar y que, pase lo que pase, aunque no haya un cruce de rectas, de caminos, siempre estará el menos infinito que hace que esas dos trayectorias se acerquen una chispica más y puedas de nuevo volver a comprobar lo grandioso de las relaciones humanas, lo bonito de la vida sin conocer (únicamente por probabilidades que no son exactas) cuando ese límite tiende a más o menos y, lo más importante de todo: que esas líneas existen y llevan trayectorias aparentemente distintas pero luego resulta que no tanto.

Un reencuentro con una buena persona siempre es motivo de alegría. Si además esa persona ahora es más feliz que antes y así lo siente, es un regalo. Pues hay un aprecio, un gran aprecio, que siempre estará ahí.

Ayer fue un día grato para mí. Me enriquecí. Pero, ante todo, sentí esa extraña sensación de sentirse feliz por otro, sin egoísmos. Eso es muy puro. Y creo que me ha hecho un poquito mejor persona.

Así que sea como fuere, más o menos infinito, déjense llevar por las matemáticas de la vida.

 

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