Rechazo

Aquel que con potestad y espíritu se cree capacitado de rechazar a alguien;

aquel que, con látigo de indiferencia y mochila de olvido,

rechaza a quien tuvo por exclusiva y eminente intención el entregar todo su bien, todo su ser,

y se consigna a sí mismo dicha potestad fruto de su razón,

de su única voluntad,

yerra de la manera más colosal

pues solo merece rechazo aquello vanidoso, intransigente, vacío de toda moral,ególatra.

Pues mil rechazos consecutivos se suman en una sola maraña,

de pensamientos y sentimientos enredados y sin orden alguno,

que nacen de resultar en el convencimiento de que se está en una posición de superioridad,

que se tiene una verdad absoluta,

tan irrefutable,

que resulta ser tan solo el fruto de imaginaciones, conspiraciones y alguna que otra charla vanidosa

que nada tiene que ver con la realidad,

pues los supuestos se contrastan siempre con los hechos que nos rodean,

con lo que en el momento, el ahora que vivimos,

no con lo pasado o lo creído haber vivido.

Así pues, solo me atreveré a rechazar a quien de manera denotada y real es una amenaza o peligro para mí,

y aún así,

solo el beneficio de la duda,

¡oh, dichoso beneficio!

será el tribunal final que pudiera juzgar a quien yo puedo rechazar.

De persona a persona,

de ser a ser.

No hay peor rechazo que el que se genera contra uno mismo por haber creído,

pensado y confabulado,

que el rechazo era el merecido de una resulta de hechos totalmente sesgados.

Quien rechaza se está rechazando,

 dos mismos polos que al entrar en contacto explosionan de manera rotunda.

Aquí no hay omnisciencia ni omnipresencia, tampoco don de la ubicuidad;

para estar en dos roles de persona al mismo tiempo,

y con ello juzgar…

Imposible.

Dios me guarde de rechazar aún con posible criterio porque, en el final,

el rechazo es un boomerang que va y viene en forma de energía.

Rechazo al rechazo. Rechazo rechazar. Rechazo rechazando el mísero rechazo.

explosion

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