La Villa de las oportunidades

En lo alto de este cerro,

cerro de murmullos atormentados,

Madrid, a mis pies.

 

Tres millones de vidas al instante

entre paredes de largas y lánguidas moradas.

 

Torres de Babel,

faros que anuncian la llegada al puerto de la Villa

donde nace y se hace el destino de muchos.

 

En ausencia de una estatua cargada de libertad y oportunidades,

recibe al foráneo Torrespaña, nuestro «Pirulí»,

el símbolo de la libertad de expresión,

de la libertad a la información,

y otorgador del derecho a saber del mundo.

 

Dice la canción que de qué vale todo esto

si al final

el mar no está presente,

«no hay playa».

 

Corazón y sentimiento en sendas manos,

cambio la playa de la que carece

por todas esas cosas que la Villa proporciona

a una provinciana como yo

a las que tiene muy difícil acceso.

 

Vayan siempre por delante el mar,

mi Murcia y mi Cartagena,

pues son la estructura central de mi corazón y mi existencia;

Pero no solo de esa estructura puedo estar hecha.

 

Me gusta el metro,

Gran Vía a reventar,

Torrespaña sobre mi cabeza

y la Almudena,

catedral de reales sacramentos.

 

Al final, todo queda en un sueño,

acepto mi realidad.

 

Eso sí,

no renunciaré a pensar

que un día

ese puerto de oportunidades y libertad

sea por mi conquistado,

fruto de mi esfuerzo y sacrificio.

 

Lucharé por todo aquello que,

bajo este cerro de los murmullos grandilocuentes

queda ante mis pies.

 

Que los sueños y expectativas

sean los vectores de mi realidad.

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